“Conciencia corporal y movimiento en el parto”, testimonio de parto

4 octubre, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

Tuve noticias de Alazne gracias al Facebook de MeitaiMaitie. Leí que aquel que estaba interesado en realizar el curso de “Conciencia corporal y movimiento en el parto” tenía la opción de asistir a una charla para poder informarse mejor. Llegué a la charla y casi nada más entrar una joven morena y simpática nos pidió que dibujáramos una pelvis y pensé; “mal empezamos”. La verdad, no soy muy hábil dibujado pero tras garabatear algo y según empezó a comentar cosas sobre nuestro cuerpo me di cuenta de que aquello podría ser muy útil de cara al parto y después de hablarlo con mi pareja decidimos apuntarnos. Nos toco un grupo con tres parejas más. Éramos un grupo pequeño y desde el principio me sentí como en casa, compartiendo nuestras experiencias, sentimientos y también nuestros miedos.

Durante el curso aprendí sobre el funcionamiento del cuerpo. Me di cuenta de la importancia y la influencia del movimiento durante el proceso de dilatación. Vimos que el papel de la pareja era de gran ayuda para realizar los distintos movimientos y eso nos hizo preparar el camino juntos mientras llegara el día del parto. El curso me dio confianza. Confianza y seguridad. Siempre he pensado que nuestro cuerpo es capaz de traer a nuestros hijos por sí sólo, sin ayuda y creo que reforzando ese pensamiento, llegué al hospital de Mendaro con una increíble confianza en mí misma.

Era 27 de diciembre. Sobre las 08:00 de la mañana me levante y rompí la bolsa. Pensé: ¡Esto ha empezado como el primer parto, a ver si no acaba igual!”. La cuestión es que nuestro primer parto fue inducido porque yo no dilataba por mi misma y acabe con oxitocina sintética y analgesia epidural. Fue un parto muy largo.

Llegamos al hospital de Mendaro pasadas las 10:00. Mientras estábamos en la sala de espera ya empecé a sentir las contracciones y pensé que era “buena señal”. Me monitorizaron sobre las 11:00 y aunque tenía contracciones, como eran irregulares me mandaron a planta. Tardaron bastante en derivarme allí y en ese espacio de tiempo las contracciones aumentaron mucho, también respecto a la frecuencia. En la habitación de la planta no estuve ni 10 minutos ya que las contracciones venían ya cada 2 minutos. Tenía una pelota en aquella habitación pero no me sentía cómoda con ella. Me agarraba a mi pareja de su cintura, me colgaba de su cuello y me puse sobre la cama a cuatro patas… tal como aprendí en el curso intentando conectar con el dolor y a la vez intentando hacerlo más llevadero.

Me bajaron a monitores y con el tacto que me hizo la matrona tras una hora de contracciones me dio un subidón: había pasado de estar dilatada 3cm a 7cm. Se acercó el ginecólogo y me preguntó si quería analgesia epidural. Yo lo tenía claro, quería aguantar. Me dije a mi misma que estaba en la recta final y a pesar de que los dolores en aquellas contracciones eran enormes, quería traer a Unax a este mundo por mí misma, con la ayuda de mi pareja, como nuestras abuelas. Los descansos entre contracciones eran mínimos, respiraba bien e intentábamos relajarnos, como lo hacíamos en el curso, visualizándonos en nuestro txoko.

Al llegar al expulsivo me tocaba dar con mi postura. Primero me puse a cuatro patas sobre la cama, pero no estaba cómoda. Me acordé que durante el curso solía estar cómoda tumbada de lado y así fue. Mientras yo estaba tumbada de lado, mi pareja me cogía mi pierna izquierda, de tal manera que como nos enseño Alazne, intentábamos ampliar la pelvis rotando la cadera. A la hora de empujar me costó centrarme en la respiración. Durante el curso me quedó claro que para tratar de respetar el periné es mejor evitar empujar en apnea inspiratoria. Con eso en mi mente, gritaba mientras soltaba el aire pero no dirigía bien aquella fuerza. Perdía mi fuerza por la boca. Mi matrona me dirigió para empuja en apnea y así ayude a que Unax saliera. La consecuencia fue un pequeño desgarro con tres puntos de sutura.

De ahí en adelante todo fue maravilloso. Nos sentíamos tan orgullosos porque habíamos hecho nuestro trabajo fenomenal. Yo estaba que no cabía en mi misma, había realizado un sueño, pude parir sin epidural y eso fue en gran parte por la seguridad que me dieron Alazne y su curso.

Eskerrik asko Alazne, por habernos acompañado en este maravilloso momento de nuestras vidas.

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