El nacimiento de Adur

Al final, he podido terminar de escribir y corregir lo que quería contaros sobre ¡el parto de Adur!

Empezaré desde el embarazo… Todo fue normal y bien, las revisiones rutinarias, pero en el segundo trimestre empecé con una bronquitis, como es mejor no tomar nada de medicación en el embarazo, evitar lo más posible, me pusieron un poco de inhalador y listo, pero poco a poco se fue complicando, estuve ingresada en Zumarraga, muy ahogada, y al final tuve que ir a un Neumólogo, hacerme placas, antibiótico, inhalador, de todo, pero por suerte pude recuperarme para el parto a tiempo.

Tanto con Peru como con Dina pasé la fecha prevista de parto, así que Ander y yo estábamos muy tranquilos. En la semana 36 a penas teníamos nada preparado.

Teníamos hablado ya hablado el parto de Adur con Elisa, nuestra amiga, pero nos faltaba aún la segunda matrona. Nerea la osteópata también iba a venir, y Ruth, una amiga, que se ocuparía de estar con los niños en casa. Pero el resto de cosas estaban aún por preparae: la piscina de dilatación por recoger, las ropas, sábanas y toallas para el parto sin preparar…

Ese fin de semana del 23-24-25 de enero recogimos a Peru del cole, metimos todos los trastos en la furgoneta, las tablas de surf, los neoprenos… y partimos hacia Bizkaia. Tomamos algo con en Sopela, cenamos en el “El Molino” de Berango, y fuimos al parking de la playa de “La salvaje” de Sopela a dormir.

A las 4:30 de la madrugada, empecé a perder un poco de liquido, y enseguida me di cuenta de que era líquido amniótico. Pero ¡estaba de 36+4! Desperté a Ander y se lo conté, pero como no tenía contracciones, esperamos a que amanecieses para despertar a los niños. Ander pudo dormir, yo a penas… Hacia las 8 nos despertamos, desayunamos, y llamé a Elisa.

Había muchos temas pendientes. No sabíamos si era líquido amniótico o no, y si íbamos a un hospital a comprobarlo me dejarían ingresada, y para poder irme a casa tendríamos que firmar papeles. No teníamos aún segunda matrona, y además, no estaba de 37 semanas todavía. ¿Puedo parir en casa?

Con todas esas dudas en el aire partimos hacia Zarautz, a casa de Elisa, para que nos explicara algunas cosas, hablar con ella, y poder tomar alguna decisión. Lloré bastante de camino a Zarautz… Pero ¡aún sin contracciones!

En casa de Elisa, me miró el pH del liquido que perdía, como era “base”, era liquido amniótico. Aun no sabia si el Estreptococo era positivo o negativo, pero sabía que en casa lo podría mirar en la web del laboratorio.

Le pedí a Elisa que me hiciera un tacto, estaba dilatada 2cm, y el cuello borrado un 80%, y muy favorable.

Tenía un tiempo limite para ir al Hospital, por tener la fisura en la bolsa, pero no tenia contracciones, y no teníamos seguro que pudiésemos tener una segunda matrona, porque el otro equipo de matronas estaba pendiente de otra mujer.

¿Qué hacer? ¿A dónde ir? ¿A casa? ¿Al hospital? Llamamos a Mendaro, por si Julene, de Amane estaba de guardia, pero no…

Así las cosas, decidimos ir a casa e ir viendo cómo iba todo.

Justo al salir de casa de Elisa, sonó el teléfono de Elisa, era Jeru, la otra matrona que estuvo en el parto de Dina. Nos dijo en su día que no podía comprometerse para el parto de Adur, por temas familiares, pero le dijo a Elisa que ese fin de semana estaba libre.

Aquí todo empezó a cambiar. Había una opción.

Nos fuimos a casa, le mandé los últimos análisis a Elisa y el estreptococo, y todo bien y negativo.

Subí a la cama a echarme un siesta. Mientras tanto Ander preparó la casa. Limpió el cristal de la chimenea, calentó la casa, preparó sabanas y toallas, empapadores, manta eléctrica…

Me desperté hacia las 7, con 2 contracciones. Bajé abajo y las contracciones seguían.

La preparación al parto la hice desde el punto de vista físico y emocional, basada en el movimiento, así que, me senté en la pelota junto a la mesa, moviendo la pelvis, en asimetría y cantando. Las contracciones ya eran cada 9 minutos. Ander llamo a todas, la primera en llegar fue Nerea, osteópata (que estuvo en el parto de Dina). En vez de tocarme, Nerea directamente, le dijo a Ander qué y cómo lo debía hacer, y fue él quien  hizo que las contracciones fueran más efectivas, porque la mitad de Adur es de él.

Estaba feliz. A pesar de la encrucijada en la que habíamos estado unas horas antes, en la que teníamos que tomar decisiones, sobre a dónde ir, hospital sí, hospital no, cuántas horas… Al final todo se fue atando por sí solo, y además con Jeru, para nosotros era perfecto, porque Dina también nació con ella.

Las contracciones eran duras, pero soportables, sobre todo porque mi cabeza no estaba centrada en el dolor, llevándome del dolor al sufrimiento como en el parto de Dina, sino que el movimiento me permitía tener la cabeza centrada en otra cosa: en el movimiento, en los círculos, en el símbolo del infinito… y sentía el dolor de otra manera. Tanto porque la cabeza estaba a otro cosa, como porque el movimiento ayuda a sentirlo distinto y a que sea más llevadero.

Poco a poco fueron llegando todos, y allí estábamos todos, Peru y Dina, dando vueltas, para adelante para atrás, viendo la televisión, entre contracción y contracción hablaban conmigo…

Elisa y Jeru, preparando cosas, escuchando el corazón de Adur después de cada contracción, tomándome la tensión… Nerea, enseñándole a Ander cómo debía ayudarme.

Ruth estaba con los niños y encargada de las cosas de casa.

Estábamos entre amigos. Amigas con las que nos une una relación muy especial. Diferentes historias que nos unían tanto a Ander como a desde los más profundo. Una sensación maravillosa. La relación de todo el equipo no había sido específica para el parto, sino que la vida nos había ido juntando, mucho antes del parto de Dina… Y ahí estábamos todos esperando la llegada de Adur. Listos para la más calurosa bienvenida, un acontecimiento irrepetible que podríamos compartir entre todos.

De vez en cuando me tomaba un té. Mi té favorito, traído desde Sheffield  por mi ama, ¡“Yorkshire tea”!

Tras pasar un par de horas, las contracciones empezaron a ser más fuerte, me puse a 4 patas, con la pelota en frente de la chimenea…

En el parto de Dina, yo pensaba que sería en la chimenea, pero no fue así, ¡pero esta vez sí!

No fui consciente, pero Peru y Dina se habían dormido.

Las contracciones eran cada vez más y más duras, fui al baño, y a la vuelta me dijeron que no me vistiera de cintura para abajo.

Seguía en movimiento, en asimetría, pero las contracciones eran más y más duras. En las contracciones yo cantaba «uhhhh» y alguna de ellas me seguía, y me hacían tope en las manos, porque yo necesitaba sentir esa presión en los brazos, como apoyada en una pared, y eso me ayudaba mucho.

En un momento ya, las contracciones eran tan duras, que empecé a agobiarme, no quería estar allí, ni vivir aquel momento. Era muy duro.

Elisa me hizo un tacto, y me dijo que tenía un pequeño “reborde”. De repente tuve la sensación de no estar en el parto de Adur, si no de estar reviviendo el de Dina, porque con ella ocurrió lo mismo. Me bloqué, pero Elisa me dijo: “este no es el parto de Dina, por favor».

Me dijo que apoyara el pie izquierdo en el suelo, en vez de la rodilla, y así lo hice.

En esta postura, la siguiente contracción fue bestial. Todo cambió allí dentro, muy duro. Dicen que mi gemido también fue muy distinto. Y Elisa dijo que la cabeza ¡ya estaba allí!

Ahora prefería estar agachada, con Ander sentado detrás mío, como en el parto de Dina, agarrándome por debajo de los brazos.

Pusieron un espejo delante de mí, en la siguiente contracción tenia ganas de empujar, y pude ver parte de la cabecita de Adur, con su pelito.

En la siguiente contracción sentí ese calor-quemazón, al que llaman “aro de fuego”. Sabía que en la siguiente saldría Adur.

Estaba feliz, llena de fuerza. Me tomé un momento para descansar, para respirar profundo. En frente tenía a Nerea, sujetando el espejo, y le sonreí, con Elisa a mi derecha, junto a Ruth, con Jeru a la izquierda, detrás Ander, era el momento. Una lástima que Peru y Dina estuvieran dormidos, porque Peru estuvo en el expulsivo de Dina, y hasta cortó el cordón umbilical.

Y después del breve descanso llegó la ultima contracción. Tomé aire, y de la felicidad, le eché un mirada a Nerea, como diciendo “voyyyyy”, y uniendo toda la fuerza del mundo grité.

A las 1:17 de la madrugada Adur sacó la cabecita, y para cuando me di cuenta el cuerpo también estaba fuera, en la misma contracción. Y escuché esas palabras de Elisa, como en el parto de Dina “quien va a coger a este precioso niño?” Y lo cogí en mis brazos. Nos pusieron toallas calientes enseguida, y Elisa me recordó que frotara su espalda. Al momento, Adur lloró un poquito.

Todos contentos. Elisa y Jeru nos felicitaron. Ander totalmente emocionado. Ruth y Nerea felices. Enseguida salió la placenta, sola, en una contracción, y me pasaron al sofá.

Me dieron 4 puntitos internos. Se adelantó 24 días, y no tuve tiempo ni de hacer el masaje perineal.

Adur se enganchó enseguida.

Me prepararon algo para cenar, y allí estábamos, un grupo de amigos, dando la bienvenida a Adur.

Me controlaron el sangrado, la tensión, fui al baño, y a las dos horas, nos quedamos solos, con Ruth. En casa. Tranquilos. Ander se fue a la cama con Peru y Dina, y yo me acosté en el sofá, por no subir escaleras, y Ruth se quedó conmigo.

A la mañana siguiente ¡éramos 5! Peru se despertó y cuando bajó a la sala y vio a Adur, no se lo podía creer. Al ratito bajaron Ander y Dina.

Ander nos preparó el desayuno, y allí estábamos, en la mesa de la sala desayunando los 6 ¡a las 7 horas de haber parido! Un auténtico lujo.

Por la tarde Elisa vino para revisar el sangrado, la tensión, echar un vistazo a Adur… ¡y listo!

A pesar del complicado comienzo, la vida es así, generalmente sabe ponerte soluciones en el camino, como nos pasó con Jeru. Y mi cuerpo también fue capaz de reaccionar y aprovechar la ocasión de que teníamos dos días a Jeru libre, y pude parir en ese margen de tiempo.

Fue un parto totalmente distinto. Y sobre todo yo creo que fue por mi actitud. En el de Dina, el miedo se apoderó de mí, pero aparte de eso, mi mente se metió en el dolor, y del dolor al sufrimiento, la manera de gritar también era distinta, en un tono muy agudo.

Esta vez ha sido distinto. No tenía esos miedos y en las contracciones, sabía lo que tenía que hacer. No sé cómo explicarlo. La contracción al fin y al cabo es un espacio corto de tiempo, pero que cuando estas ahí, no se hace eterno. Y en ese momento es clave saber qué hacer, tener la mente en lo que tienes que hacer, para poder soportar ese momento tan duro y brutal. EL MOVIMIENTO, manteniendo la asimetría, tal como nos enseñaban en clase, abriendo la cadera desde arriba o desde abajo, y eso me ayudó mucho a concentrarme en ello, y no en el dolor. Y eso lo cambia todo. Ayudas en la dilatación en casa, ampliando la pelvis, por donde pasa el bebé, dandole más espacio a Adur…

Un millón de gracias a Elisa y Jeru primeramente. Porque en ese momento, creyeron que yo era capaz de parir en casa tras una cesárea.

A Elisa la conocimos de vacaciones en una isla, y siempre ha estado ahí para todo. Siempre en su sitio, siempre correcta. Aunque los meses previos al nacimiento de Adur fue una época dura para ella.

Y a Jeru, porque tanto Dina como Adur, han decidido nacer con ella. Y por cómo nos ha cuidado siempre después del parto en los 3 meses posteriores, con las revisiones.

Después a Nerea, por estos dos partos, porque dejando familia y todo, ha venido siempre a ayudar.

A Ruth, por dejar a su cuadrilla colgada el sábado por la noche para estar con Peru y Dina, y ayudar con la casa, la logística y todo.

Y agradecida por todo lo aprendido en las clases de preparación al nacimiento, sobre mi suelo pélvico, sobre mi pelvis, y porque las herramientas que recibí fueron fundamentales para tener un parto tan bonito y llevadero, a la vez que bestial. Creo firmemente que esta preparación es fundamental para cualquier embarazada. Porque AYUDA MENTALMENTE, EN LA DILATACIÓN Y EN EL EXPULSIVO.

Y por último, pero no por ello menos importante, grancias Ander, porque en los dos partos has sostenido todo el sistema: hablar con las matronas, tomar decisiones, estar conmigo, estar con los niños, preparar cosas, preparar la casa, sostenerme… ¡Por todo! Y porque me animó a parir en casa, porque él creyó en mi capacidad de parir ¡antes que yo!

Y porque me has dado 3 niños maravillosos.

 

Algunas fotos del parto en casa de Adur.
Actores pincipales:
– Adur como gran prota
– Gloria (yo) como secundaria
– Ayudante Principal: Ander (aitatxo)
– Ayudantes técnicas: Matronas: Elisa y Jeru
– Ayudante emocional: Nerea Etxaide
– Ayudante logística: Ruth

Eskerrik asko denoi,