“Era yo la que controlaba la situación y no el dolor”, testimonio de parto

13 septiembre, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

En nuestro caso el objetivo del curso era la participación de la pareja. Yo le solía comentar: “¡Mira Jon, mira esto, lee esto!” Y su respuesta era siempre “sí, sí, sí”.

Hablé con una prima sobre el parto y ella comenzó a hablarme sobre el movimiento en el parto. Una amiga suya había hecho la preparación con Alazne en Zarautz e indague sobre ello y al gustarme mucho, me animé a realizar el curso. En un principio deseaba no tener que utilizar la epidural, pero tampoco iba con una idea hermética. Contacte con Alazne y me pareció bien todo lo que se trabaja en su curso: conocer el cuerpo, el movimiento… mi prima dio a luz de esa manera. El expulsivo fue a gatas, sin epidural y ella también me decía “Ines, fue genial, fue un parto precioso” y eso también me animó a apuntarme en el curso. Nos juntamos un grupo bonito en Zarautz y allí empezamos con los ejercicios… la verdad es que todo iba genial y Jon también se enchufó cuando empezamos con las clases.

Jon: ¡Sí, yo estaba muy perdido! Veía que ella estaba centrada, buscando información en internet… y la verdad es que yo también comenzaba a hacerlo pero pufff ¡que aburrimiento! Hasta que comenzamos el curso delegaba en ella pero después de la clase de testimonios y de escuchar a Jokin, uno de los aitas que participó en los cursos de Alazne me motivé, me ayudó a reflexionar sobre la importancia de saber cómo ayudar cuando llegase el momento, qué hacer y qué no hacer, tener unas herramientas…

Lo que verdaderamente logré con las clases fue confianza. Confianza en mí misma y respecto a lo que iba a ocurrir llegado el momento. Yo trabajo en ASPACE y mi miedo hacia el momento del nacimiento estaba presente, si el niño podría sufrir, si yo sería capaz de parir o no… Tras el curso, eso se convirtió en el último miedo, durante el parto ¡ni siquiera lo pensé! Y lo que me ayudó mucho fueron los ejercicios de relajación y visualizaciones. Yo los realizaba todos los días y me aportaron mucha confianza; imaginaba el momento e intentaba visualizarme abriéndole el camino a mi hijo, imaginando su llegada y con eso gané mucha confianza. Me sentía confiada y tranquila, eso me extrañaba mucho porque suelo darle muchas vueltas a todo. Pero en la recta final del embarazo me encontré realmente tranquila.

Cuando llegó el momento, era un martes por la noche. Habían pasado 3-4 días desde la fecha teórica; el ginecólogo me realizó la maniobra de “Hamilton” y entonces sí que me asusté: “ ¿Ha sido la decisión correcta? ¿Tenía que haber esperado?”. Ese martes a la noche comenzaron las contracciones y al principio me bloquee y le dije a Jon: ¡Ay ama, son contracciones! Y él me comentó que lo mejor era descansar y que si el proceso seguía subiríamos al hospital. Agradecí mucho su tranquilidad en aquel momento. Yo creo que si no hubiésemos participado en el curso, subiríamos corriendo al hospital y esperaríamos a ver qué ocurría.

La cuestión es que nos acostamos y las contracciones se pararon. A la mañana siguiente expulse el tapón mucoso y me volví a asustar: ¿Ay ama, que es esto? A la tarde había quedado con mi ama pero le di una excusa tonta para disimular y fui a dar un paseo con Jon. El seguía tranquilo y ahora ya controlaba las contracciones; para entonces comenzaron a tener una frecuencia de 3 minutos y ahí empezó a ponerse nervioso. Volvimos a casa y el cuerpo me pedía utilizar la pelota y mientras el preparaba la cena yo me ocupaba de las tareas domésticas, necesitaba estar entretenida. Pero de repente yo misma le pedí: ¡¡Vamos al hospital!

Nada más llegar al hospital de Donostia todo fue genial, el trato fue extraordinario. Me realizaron una exploración vaginal y al parecer estaba con una dilatación de 3cm y la situación era muy favorable. En la primera monitorización querían que la gráfica fuera perfecta y ahí sí tuvimos un momento algo tenso porque Eñaut estaba inquieto. La matrona nos ayudo mucho, hablamos sobre el plan de parto (aunque lo llevamos escrito) y decidieron ingresarnos en una habitación normal. Yo comencé con los ejercicios con la pelota pero la matrona, sabiendo que yo quería intentar un parto sin epidural y que el proceso podría alargarse, nos recomendó darnos una ducha y acostarnos un rato. A mí me daba miedo de que al acostarme las contracciones se pararan. Aun así me di una ducha y me acosté de lado. Pusimos el audio de uno de los ejercicios de relajación y visualización, nos relajamos, visualicé el momento, abriendo el camino, Eñaut descendiendo por mi cuerpo, acompañando a cada contracción con movimiento… estaba muy tranquila, llena de confianza. Era yo la que controlaba la situación y no el dolor. De repente rompí la bolsa amniótica y llamamos a la matrona; como soy un poco curiosa le pregunte si eran limpias, cómo sabía si lo eran… todo con tranquilidad. La dilatación era ya de 5cm y nos ofrecieron de todo: la bañera, un saco de semillas que utilicé muy agusto…

Volví a la ducha y esta vez aumente la temperatura del agua pero empecé a sentirme un poco mareada asique salí y me senté en el inodoro y en seguida sentí unas ganas de defecar-empujar. La matrona me recordó que debía monitorizarme pero yo le decía que no, que tenía ganas de empujar y que no me podía mover de allí. Creemos que en ese momento ella también se apuró un poco, porque no esperábamos pasar de 5 a 10 en una hora. Llevé las contracciones muy bien, ni siquiera me acordé de la opción de la epidural. Al final, pude moverme y acercarme a la cama (yo no quería acostarme) y allí, de pie, la matrona me volvió a explorar y ya estábamos casi en ¡dilatación completa! Me acercaron una silla de ruedas y fuimos a toda velocidad a la sala de partos.

En el paritorio también todo fue muy bien. El cuerpo me pedía parir de pie, agachándome un poco. Me ofrecieron una silla de partos pero no me sentía cómoda en ella. Probamos distintas posturas y yo me encontraba agusto tumbada de lado. En nuestro paritorio había una de las nuevas camas del hospital y la matrona la orientó para favorecer la salida del bebé, pero ahí de nuevo no estaba cómoda. Al final, le realizó otros cambios a la cama y pude ponerme sentada, con el sacro libre, agarrándome a unos enganches… ahora sí estaba cómoda. Durante el expulsivo la matrona volvió a orientarme, me pusieron un espejo para ver la cabecita de Eñaut, pero la verdad es que yo no veía nada, estaba muy concentrada en los pujos. Me comentó que iba a necesitar una episiotomía y yo le pedí que esperara un poco, que lo quería intentar. La cabeza asomaba pero no acababa de salir…

Jon: si, se veía que quería salir pero todavía le faltaba bastante y entendí que la propuesta de la matrona era la correcta. Eso sí, en ese momento si que estaba nervioso,¡ que tensión!

Me hizo un pequeño corte. Cuando me lo suturaron lo pasé peor que durante el parto. Tengo una sensación súper buena, bonita. En seguida le dije a Jon “¡Cuando quieras traemos otro!”. Al final fue un chicarrón más grande de lo que esperábamos. Eñaut pero algo más de 4 kilos. En seguida me lo pusieron encima, en seguida se agarro al pecho y nos dejaron tranquilos 2 o 3 horas en la sala contigua.

El prepararnos, el conectar y el creernos capaces han sido cosas muy importantes para nosotros y la verdad es que ha sido una experiencia increíble. Saber que Alazne estaba ahí para aclarar cualquier duda nos ayudó mucho. Y también para tener la mente abierta; por ejemplo durante el embarazo no me sentía cómoda con la pelota y cuando llegó el día lo necesitaba. Ha sido genial tener distintas opciones y herramientas a mano para luego hacer lo que el cuerpo pide, reconocer lo que te pide, porque realmente sabes qué tienes que hacer.

¡Ha sido una experiencia muy bonita!

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