“Había recuperado la autoconfianza perdida tras mi primer parto”

8 febrero, 2018 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

Se estaba acabando marzo y sabía que estaba pasando algo dentro de mí; supimos a primeros de abril que a finales de año aumentaríamos la familia… Era mi segundo embarazo y mis sentimientos se contradecían: estaba feliz y a la vez muy triste, de repente aparecieron mis fantasmas del parto y estaba asustada.

Nuestro primer hijo nació hace cuatro años. El embarazo fue estupendo, lo viví tranquila y feliz. El parto sin embargo fue muy duro tanto para él como para mí. Fue un martes por la tarde, concretamente a las 19:30 cuando sentí la primera contracción. Las contracciones eran muy irregulares, me dolían muchísimo y estuve todo el tiempo tumbada, sin moverme, porque el miedo se había apoderado de mí… A las 05:00 decidimos ir al Hospital de Zumárraga, pensando que ya habría dilatado bastante. Llegamos, me exploraros y menudo bajón, estaba dilatada de un solo centímetro. Decidimos volver a casa. Las contracciones se volvieron cada vez más regulares y así volvimos al hospital sobre las 11:00 de la mañana. Esta vez, la dilatación era de 4 centímetros y me ofrecieron la epidural, por lo que sin pensármelo dos veces, pedí que me la administraran. En seguida desapareció el dolor y descansé, aproveché para dormir. Estuve tumbada todo el rato, sin moverme. Eran las 17:00 cuando conseguí la dilatación completa, pero nuestro hijo aún estaba muy arriba, no bajaba.

Con aquella situación, la ginecóloga vino a las 19:00 y me pidió que empujara; yo hacía lo que podía porque no sentía nada, no sabía si estaba haciendo fuerza o no y en esas estábamos cuando la ginecóloga le pidió los instrumentos a su auxiliar. Primero intentaron ayudarnos con una ventosa pero al final utilizaron los fórceps, además de realizarme una episiotomía brutal. En ese momento no fui realmente consciente de lo que nos ocurrió, pero en los días posteriores sí que empecé a darme cuenta. Estaba realmente débil físicamente, la episiotomía me dolía una barbaridad, no podía sentarme, no podía levantarme para cuidar a mi hijo… tenía una profunda tristeza, esa “depresión postparto” que tantas veces había escuchado… la estaba viviendo yo. Por otra parte, al mirar a mi hijo me sentía culpable, porque sabía que la vivencia había sido muy dura para él y yo no había hecho NADA para ayudarle a nacer. Mi marido también estaba hecho polvo después de vivir aquel parto. En vez de vivir unos días felices, nos encontramos con días verdaderamente oscuros.

Por todo esto tenía claro que era lo que NO quería vivir esta vez. Quería vivir un parto consciente, esta vez quería ayudarle a nacer YO a mi hijo y claro, quería integrar técnicas para hacer el dolor más llevadero. Así me puse en contacto con los dos ángeles que he tenido en este segundo embarazo, por una parte con Alazne y por otra con Onintza Zubizarreta, que con la ayuda de las flores de Bach, me ayudó a trabajar mis miedos y emociones. Al final del embarazo estaba muy muy tranquila, no tenía ningún miedo, había recuperado la autoconfianza perdida tras mi primer parto… estaba deseando que el parto comenzara.

Estaba en la semana 41 de gestación, y sobre las 03:00 de la madrugada de aquel lunes sentí la primera contracción. A los diez minutos llegó el segundo y pensé: “¡Ya viene nuestro hijo!” así que me levanté tranquila y me vestí. Comencé a realizar los ejercicios, a moverme con la pelota, a caminar de un lado a otro, controlando la respiración, hidratándome todo lo que podía, descansando, tomando mis gotas de Bach… ¡Las contracciones eran realmente duras! ¡Pero yo estaba tranquila! A diferencia de la otra vez, yo no estaba asustada, sabía que lo que estaba ocurriendo era parte del proceso normal, que debía ser así y con cada contracción pensaba que cada vez quedaba menos para tener a nuestro hijo en brazos. Aparecieron mis miedos, mis fantasmas pero les hice frene, pensando que el dolor no permanecería para siempre, que aquel dolor era parte del proceso. Hacia las 05:00 las contracciones eran brutales y decidimos arrancar hacia el hospital. Cuando me metí en el ascensor, de repente sentí una gran presión y ¡rompí aguas! Nos metimos en el coche y las contracciones se convirtieron ya insoportables, por lo que me acomode a cuatro patas en mi asiento porque así sobrellevaba el dolor mucho mejor. Las contracciones eran constantes y gritaba desde mi interior como nunca antes lo había hecho. Me sentía como un animal salvaje, haciendo aquello que mi cuerpo me pedía en todo momento.

Nuestro hijo estaba cerca y pensar en eso me daba mucha fuerza. Eran las 06:00 cuando, se camino al hospital, sentí de repente que mi hijo había encajado su cabeza y le pedí a mi marido que parara el coche. Me giré, me senté de cuclillas en mi asiento y sentí unas ganas irrefrenables de empujar, no podía contenerlo. ¡En dos pujos nuestro hijo nació! Lo cogió su padre y me lo coloco en seguida sobre mí, piel con piel. Mi dolor había desaparecido por completo, estaba como una rosa. ¡Feliz y hambrienta! Llegamos al hospital y allí cortamos el cordón umbilical y alumbramos la placenta. Me dieron dos pequeños puntos de sutura. ¡Había sido la experiencia de nuestra vida! Y nuestro hijo, nació tranquilo.

La gente me para en la calle y me dice: “¡Qué susto!”, y nosotros no lo vivimos allí, estábamos muy tranquilos, tanto yo como mi marido. El verdadero susto fue en mi parto, cuando vi todos aquellos instrumentos, aquello sí que fue duro.

Este segundo parto ha sido maravilloso, nos ha ayudado a sacar la espinita, a sanar la herida, a recuperar la confianza perdida en mí y he aprendido como nunca, a escuchar a mi cuerpo.

Laura Gutman, en Zumaia: “Incluso si no hemos sido suficientemente amados, somos aún capaces de amar”

4 febrero, 2018 | Comentarios (0) | General, Laura Gutman

El pasado sábado, 27 de enero, tuvimos el placer de recibir a Laura Gutman un año más en nuestra casa, y un año más la oportunidad de compartir con todos vosotros más de 3 horas de conferencia donde hablamos de tantas cosas que es difícil sintetizar.

Desde las 10:30 muchos de los asistentes se asomaban a la entrada de los cines Aita Mari de Zumaia. Estaba todo listo y teníamos ganas de abrir las puertas. Laura también estaba lista para recibir a todos los que nos iban a acompañar. Tanto al principio como al final de la conferencia todos los asistentes tuvieron la oportunidad de adquirir alguno de sus libros, alguna dedicatoria o simplemente de charlar un momento con ella.

A las 11 en punto arrancamos. Más de 100 personas atentas y predispuestas. No se nos ocurre mejor audiencia.

Laura Gutman, como siempre, invitó desde el principio a todos los presentes a que se animaran a preguntar y compartir cualquier idea. Esta vez la audiencia aceptó la invitación y fue una conferencia muy participativa, y por tanto muy rica para todos los que allí estábamos.

El tanque de agua

Laura habló de la importancia de la fusión emocional madre-bebé y del campo emocional que necesita compartir un bebé en cuanto nace. Un campo emocional que suele ser compartido con la madre y que Laura siempre explica con su metáfora del tanque de agua. En ese tanque viven sumergidos tanto el bebé como la madre, de forma que además de tener la madre capacidad de sentir lo que el bebé siente, todo aquello se mezcla con lo que la propia madre sintió cuando era un bebé junto a su madre. Nadie dijo que fuera fácil, de ahí que muchas madres no puedan soportarlo y decidan salir de ese campo emocional común, dejando de sentir, pensando que dejarán de sufrir.

La madre, ¿y el padre?

Fue un placer compartir con varios de los hombres que asistieron a la conferencia sus inquietudes. Ante las explicaciones de Laura, no dudaron en reivindicar: “¿y el padre qué, no tiene ningún papel en ese campo emocional?”. Laura, con la elocuencia que le caracteriza, respondió un casi rotundo “no”, que luego sin duda, matizó revelando el papel fundamental del padre y/o del entorno de la madre que cuida de su bebé. ¿Qué puede ofrecer el padre al bebé? El gran papel del padre es sostener a la madre. Una madre sostenida y amparada es el mejor regalo que va a recibir ese hijo sobre todo en sus primeros años de vida.

La tribu

A lo largo de la conferencia también se mencionó varias veces un tema que Laura Gutman ha solido tratar en otros posts que hemos compartido con vosotros en este mismo blog: “Familia nuclear” y “En lugar de tribu hay solo un padre”. Y es que hemos nacido para vivir en manda, pero la realidad es que vivimos en familiar nucleares lejos del sostén y del apoyo de la tribu.

El niño que fuimos

Laura dedicó una parte importante de la conferencia a hablar de la originalidad, de la esencia de los niños. Defendió una sociedad niño-centrista en la que los niños se sientan amados, seguros, y felices. El niño sentido es más paciente y no pedirá de adulto aquello que le falto en la niñez. ¿Por qué nos es tan difícil rendirnos a lo esencial que nos piden los niños?

La biografía humana

Durante sus más de treinta años de experiencia, Laura Gutman, terapeuta y formadora de profesionales especializada en las relaciones personales, ha organizado una metodología terapéutica e innovadora para que hombres y mujeres podamos abordar nuestra propia realidad emocional y observar la distancia entre nuestro ser interior y los mecanismos de supervivencia que hemos empleado como consecuencia del desamparo materno.

Laura insiste en que ante cualquier obstáculo es prioritario revisar la lógica de toda una vida para desenmascarar el autoengaño y determinar el propósito de nuestra vida, y cumplir con nuestro destino. A este revelador recorrido lo ha llamado “biografía humana”, un viaje que propone un sistema para entrar en contacto con nuestro ser esencial, y sobre todo, para ser capaces de amar más y mejor.

La importancia de la capacidad de amar

Ante estas afirmaciones, muchas de las personas, en su mayoría mujeres, que asistieron a la conferencia compartieron su inquietud por temer que si ellas no fueron amadas de pequeñas, ¿serían capaces de amar realmente a sus hijos? Y Laura cerró la conferencia con una esperanzadora afirmación: “Incluso si no hemos sido suficientemente amados, somos aún capaces de amar”.

Gracias Laura Gutman, por hacernos partícipes de tu conversación, una conversación abierta en la que abordamos juntos nuestras realidades emocionales, reflexionando sobre qué nos pasó cuando fuimos niños, qué hicimos con eso que nos pasó, y sobre todo, sobre lo que podemos decidir hacer hoy si queremos contribuir a una civilización más amable, tierna, colaborativa, solidaria y ecológica.

Gracias Laura, y gracias a todos los que compartisteis la mañana con nosotros.

PD: Si os interesa profundizar en alguna de las ideas que se trataron en la conferencia os animamos a que echéis un vistazo a los libros que Laura Gutman tiene publicados y que podéis encontrar, la mayoría de forma exclusiva en nuestra tienda online y por supuesto en nuestra tienda de Zarautz. Os esperamos.

Este año quiero regalar…

13 diciembre, 2017 | Comentarios (0) | General

Muchos estamos dando vueltas aún a los regalos de esta Navidad. Y es que comprar es muy fácil, pero regalar no lo es tanto. Es por eso que este año os hemos preparado este post que esperemos os dé algunas ideas para llegar al corazoncito de esa persona que tanto queréis y con la que queréis tener un detalle o un regalo que de alguna forma os haga estar presentes en su día a día.

Y es que las cosas más importantes de la vida, no son cosas.

Para esos amigos o familiares que acaban de tener un bebé

Nunca hemos sido partidarios de grandes juguetes para las familias que acaban de recibir a un bebé. Bastante caos suele ser la nueva rutina como para llenar la casa de cosas que no son imprescindibles.

Ya nos conocéis así que no os sorprenderá que lo primero que recomendemos como regalo sea un fular o una mochila de porteo. Ocupa poco, es un regalo práctico y os aseguramos que os estarán eternamente agradecidos. No os agobiéis a la hora de elegir. Nosotros os asesoraremos y la familia que reciba el regalo tendrá total libertad para consultarnos dudas o posibles cambios de sistema.

Bykay tiene unos colores preciosos, perfectos para toda la familia. Y si en la familia hay otro peque un poco más mayorcito, ¿qué os parece regalarle un fular de porteo como el que sus padres usarán con el bebé?

Además de los fulares de Bykay, no olvidéis echar un vistazo a las mochilas Bykay y los fulares y mochilas de la marca Boba.

Y como complemento ideal, os recomendamos alguno de los libros de Laura Gutman, ideales para todos, pero que marcan mucho a las personas que los leen por primera vez cuando esperan familia o están en plena etapa de crianza.

¡Es hora de jugar!

Y claro, los bebés crecen, y quieren… ¡jugar!

Tenemos montones de ideas, pero nos vamos a centrar en dos marcas que son nuestras favoritas.

Como no podía ser de otra forma, os queremos hablar de los patinetes Micro. Los tenemos en todos los tamaños y colores que estés buscando. Además hay accesorios de la misma marca Micro que además de ser seguros tienen unos diseños de lo más exclusivos.

Además de Micro, hemos incorporado una nueva marca de vehículos para niños: PUKY. Si estáis buscando bicicletas de aprendizaje, no deis más vueltas. Esta marca alemana trabaja las bicicletas de mayor calidad del mercado. Permaneced atentos porque en breve estarán disponibles en nuestra web.

Y si queréis un detalle de esos que cualquier padre agradece, porque es un juguete flexible, que fomenta la creatividad y que además se puede llevar en el bolso, os proponemos las pizarras libro de Jaq Jaq Bird.

¿Y para ese amigo invisible por menos de 30€?

A nosotros solo se nos ocurre una idea, la mejor: Lifefactory.

Lifefactory tiene las botellas más chulas que podrás encontrar. Pocas veces pasan desapercibidas, las hay de todos los tamaños y de todos los colores. Son ideales para hacer deporte, para las clases de yoga, para llevar en la mochila y para llevar colgando de la sillita de paseo cuando salimos con los peques.

Y no te olvides, que si te ha tocado ese amigo invisible cocinillas o de los que come de tupper todos los días en el trabajo, los tuppers de Lifefactory son perfectos para cada día. Al igual que las botellas, son de cristal protegido, no generan residuos, no cogen olores, se pueden lavar en el lavavajillas, son el regalo perfecto… ¡Y por menos de 30€!

 

Una experiencia muy especial

¿Y si como decíamos al principio, las cosas más importantes de esta vida no son cosas? El próximo mes de enero recibimos la visita de Laura Gutman, con su conferencia “La maternidad y la paternidad es responsabilidad de todos”.

Laura es psicopedagoga argentina, experta en familia, crianza y en psicología femenina en el puerperio. Una mujer que ha puesto del revés los conceptos vigentes de maternidad.

Puedes regalar una entrada a la conferencia. Su precio es de 50€ pero te avanzamos en exclusiva que ampliamos el periodo especial de descuento. Es decir, a partir de hoy y hasta el 25 de diciembre, el precio de las entradas para la conferencia las podéis adquirir a 40€.

Regalar es mucho más que comprar.

 

“Hemos aprendido que no podemos controlarlo todo”, testimonio de parto

5 diciembre, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

Escuché hablar sobre Alazne a mi hermana y a dos primos que realizaron el curso con ella y estuvieron a gusto. Uno de los motivos para apuntarnos al curso era que yo no veía el parto como un simple trámite. Para mí se trataba de la bienvenida de mi hijo, queríamos hacerle esa bienvenida de la manera más agradable posible y a lo mejor lo que yo percibía en la calle era que fuese lo más rápido posible y sintiendo lo menos posible. Aunque respete esa opción, no era lo que yo quería. Yo tenía muchas ganas de vivir el parto, teníamos muchas ganas de ser padres.

Al principio pensé que Argoitz iría al curso por mí, pero en seguida le vi muy enchufado. “Es verdad, al principio no tenía ni idea de todo esto, cómo eran las cosas… y cuando entré en el grupo me di cuenta de que no había solo una opción A para todos, que había distintas opciones, distintos partos y que esas opciones por lo menos no nos pillaría de novatos”.

Eso es, al fin y al cabo, la información recibida en el curso, las experiencias previas de los compañeros de grupo, las sesiones de testimonios… te ayudan a meterte en el contexto, sin que sientas el hospital como un sitio extraño, sabiendo que hay distintas opciones te sientes más seguro para actuar de una manera u otra. Todos los casos son particulares y el nuestro también lo fue.

Comenzamos el curso pero no lo acabamos. Oier estuvo todo el embarazo de pie y en la semana 36 como seguía en la misma posición comenzamos a probar con acupuntura, osteopatía etc.; lo intentamos con la versión externa pero aunque se puso en transversa, Oier volvió a su postura inicial… y nos programaron la cesárea. Por todo esto, la clave de esta aventura ha sido la flexibilidad, el aprender que no lo podemos controlar todo, que aunque prepares un camino nunca sabes cómo llegaran las cosas. Cuando me hablaron de la cesárea programada, sentí un gran “chasco”, no lo quería admitir. Yo pensaba: “Si por lo menos, llega el día, vamos allí y acaba en cesárea, ¡pues bueno! Por lo menos mi hijo sí ha elegido el momento de su nacimiento… ¿Y si necesitara dos semanas más?”. Y el hecho de pensar en que tal día, le tocase o no, me abrirían y “Ongi etorri Oier!”, esa idea se me hacía muy fría.

Al final nos citaron el 4 de julio para realizar la cesárea. El 29 de junio era mi cumpleaños y solté el tapón mucoso y comencé a recobrar la confianza, ya que por lo menos mi cuerpo se había puesto en marcha. A los dos días, eran las fiestas del pueblo y yo me sentía rara, comencé a mojar un poquito y estuvimos dudando entre subir a urgencias o no, porque desde nuestra inocencia no sabíamos si se trataba de flujo vaginal o líquido amniótico. Ya era sábado noche, volvimos a casa y Argoitz me comentó por qué no dormíamos tranquilos, intentaríamos descansar durante la noche y a la mañana iríamos por si acaso al hospital.

Fue una decisión acertada. Dormimos toda la noche y el domingo por la mañana fuimos a urgencias, pensando que todo estaba bien y que nos mandarían de vuelta a casa, pero recibimos una grata sorpresa cuando nos dijeron que estaba dilatada de 2 centímetros. Nos confirmaron que la bolsa había sufrido una fisura y me ingresaron. Decidieron realizar una ecografía y… ¡Oier se había colocado de nalgas! Cumplíamos con los requisitos para un parto de nalgas y nos comentaron que si nos animábamos lo podíamos intentar. En ese momento me puse muy nerviosa. Primero tuvimos que mentalizarnos para una cesárea y luego… ¡Había que desmentalizarse! Aunque nos sentimos un poco descolocados, nos dijeron que podíamos intentarlo y desde aquel momento yo lo viví como un regalo. Oier venía con un regalo, nos estaba dando esa oportunidad y nosotros debíamos hacer lo que estuviera en nuestras manos.

Es verdad que yo tenía mucha confianza tanto por el curso, como por Nerea, que en una sesión de osteopatía me comentó que ya que Oier no quería girarse, le dejáramos tranquilo, pero que ella tenía esperanzas de que podía colocar su culito. Y además si eso ocurría, iba a tener un parto fácil. Y yo me lo creí y eso mismo me dije a mi misma. Para nosotros fue muy importante estar conectados con Alazne, saber que hay alguien pendiente de ti, pensando en ti, mandándote su energía y aunque yo estaba aislada, Argoitz ya estaba conectado y cuando me hacía llegar algún mensaje o alguna recomendación se me hacía muy útil.

Nosotros habíamos preparado un plan de parto, pero al fin y al cabo estábamos abiertos a lo que nos recomendaran, íbamos con la mente abierta. Nos informaron sobre el proceso y como Oier venía de nalgas era necesario que el parto fluyera con ritmo y a la mínima alteración nos trasladarían al paritorio. El expulsivo sería en el quirófano, por lo que Argoitz no estaría en la recta final conmigo. Desde el principio nos vimos delante de dos ginecólogos muy motivados “¡Nos vais a animar el domingo! ¡Qué bien, un parto de nalgas!” comentaron.

Me administraron oxitocina sintética sobre las 12:45, yo tumbada en la cama, no notaba nada y estaba asombrada. Pero de repente, sobre las 14:00 ¡Salté desde la cama! No podía estar allí, cogí la pelota y en seguida comencé a hacer uso de mi voz. Sobre las 17:00 tenía una dilatación de 8 cm y comenzaba a agotarme. Argoitz me animaba a aguantar otras cuatro contracciones pero yo no podía más. “Yo quería motivarle, pero nos decían que a ese ritmo y con oxitocina sintética no era un trabajo fácil”. Me administraron la epidural sobre las 18:00, con una dosis mínima porque así lo quise yo, y es verdad que al principio noté algo de alivio pero una hora después o así comencé a notar unos dolores realmente fuertes, yo sentía todo y aunque subía la dosis de la analgesia yo sentía igual. El hecho de no poderme mover de la cama aumentaba la sensación de dolor y pedí la “lenteja” y comencé a moverme, pero no era suficiente. Sobre las 19:00 escuche a dos enfermeras hablar sobre mí: “¿Pero qué le pasa a esa chica? ¡No es normal! ¿Cómo no se marea?”.

En ese rato la bolsa se rompió por completo y a pesar de que la enfermera me administró el analgésico directamente seguíamos igual hasta que vino el anestesista y resolvió el problema. En ese momento ya estaba completamente dilatada pero el peque todavía estaba bastante alto y yo necesitaba recuperar fuerzas para el expulsivo. Me costó muchísimo mantenerme quieta, tenía mucho tembleque… Eran más o menos las 20:00 cuando me pusieron la epidural por segunda vez y entonces sí que note el alivio. Sentía una presión enorme en la zona baja pero ya no me molestaban aquellas contracciones terribles. Me quedé medio dormida durante una hora, descansando. “Yo la veía sobre las 19:30/20:00 y pensaba: ¡Iratxe no está como para empujar! ¡Estaba reventada!”

Empezamos a ensayar los pujos y me sorprendió la cantidad de fuerza que debía hacer. Pensaba que se sentía menos con la epidural. Es verdad que a menudo he pensado que menos mal que pudimos dormir la víspera y el rato que pude dormir tras ponerme la epidural me vino muy bien para descansar y afrontar con ganas y fuerzas la recta final. Argoitz me dijo: ¡Se le ve el culo! Arrancamos hacia el quirófano e informaron a mi marido que calculara sobre una hora.

Puede que no fuese como lo había imaginado, jamás había visto un quirófano, un sitio con mucha luz, un montón de gente (habría como 15 personas mirándome)… pero me sentí arropada todo el rato, arropada y en un entorno agradable. Los dos ginecólogos que conocimos a la mañana bajaron también y le dieron un toque hogareño a la situación. Una de las matronas me comentó que habían pasado 15 minutos (yo tenía en mente que aquello duraría más o menos una hora), estaba dándolo todo y de repente sentí que venía… ¡En 20 minutos estaba aquí! Fue un gran regalo para nosotros, una vivencia intensa, muy intensa, con cambio de planes, pero un gran regalo.

El trato en el Hospital Donostia fue increíble. “Me dejaron ir a la entrada del quirófano, hasta que una matrona me preguntó qué hacía allí”. Pero el trato fue excepcional. Me informaron en seguida”. No recuerdo el alumbramiento de la placenta, solo recuerdo la necesidad de dar las gracias a todo el mundo. Me hicieron una episiotomía, eso sí que fue sin informarme ni avisarme, pero me dije a mi misma: llegados a este punto, no estoy para pedir más. Pero en el momento si que les dije y me dijeron sorprendidos: ¿Pero te has dado cuenta? Yo sentí dolor, yo sentir, sentía.

El postparto fue duro, los puntos me dolían mucho y la subida de leche me dio muchos quebraderos de cabeza. En ese aspecto las matronas de planta nos ayudaron muchísimo, ¡menos mal a ellas! La atención fue estupenda, pasaron horas con nosotros. Al final nuestro parto fue intenso, un regalo y sobre todo nos sentimos muy arropados aunque no fuese una situación hogareña, no era el contexto que deseaba, pero todo se quedó en un segundo plano y nos sentimos respaldados y bien tratados.

No nos queda tiempo

23 noviembre, 2017 | Comentarios (1) | General, Pañales de tela

El tiempo se agota. No nos queda tiempo. No podemos seguir dejando en manos de otros la responsabilidad de lo que está ocurriendo, como si no fuera con nosotros. El planeta se está quedando sin recursos para para gestionar lo que estamos haciendo. De unos años a esta parte las personas nos hemos convertido en generadoras de residuos incontroladas.

Separamos la basura, la echamos al contenedor que corresponde, y creemos que con eso ya hemos cumplido con lo que podíamos hacer. Pero debemos ser conscientes de que además de una óptima gestión de los residuos, deberíamos esforzarnos por disminuir la basura que generamos. Parece imposible y además es fácil decir que no está en nuestras manos, pero os queremos contar un par de ejemplos con los que estamos trabajando ya desde hace unos años.

¿Cuántos pañales utiliza un niño a lo largo de su vida?

Si eres padre o madre no te sorprenderá que al hablar de residuos sean los pañales el tema que tratemos en primer lugar. En MeitaiMaitie hace ya muchos años que tomamos partido y decidimos ver qué alternativas existían y existen al pañal desechable que utilizamos casi el 100% de nosotros.

Llevamos 7 años trabajando con pañales de tela reutilizables de la marca gNappies. Son pañales con diferentes piezas como cobertores de tela, y absorbentes lavables que te permiten lavar y reutilizar cada pieza sin generar residuos de difícil gestión.

Hemos tenido la suerte de participar en varias campañas con la Diputación Foral de

Gipuzkoa, Mancomunidades y Ayuntamientos en los últimos años aportando kits de

cobertores y absorbentes de tela subvencionados para las familias dispuestas a sustituir los pañales desechables por los pañales reutilizables de tela.

He aquí algunos datos de la comarca de Debagoiena, que hemos aprovechado para extrapolar y sacar datos concretos de lo que está sucediendo, por ejemplo, en Zarautz.

En Debagoiena:

– En 7 días, 50 familias usaron 1.826 pañales (generando 420 kg de basura).
– Cada niño utilizó aproximadamente 36,5 pañales a la semana, lo que nos llevaría a calcular que utilizaría unos 1.904,3 pañales al año (generando cada niño 438 kg de basura al año).

En Zarautz hay unos 600 niños de entre 0 y 2 años:

– Anualmente se generarían 262.787 kg de basura de pañales, sólo en Zarautz.
– Si el Ayuntamiento paga al Consorcio de Basuras de Gipuzkoa 131,66 €+IVA por cada tonelada que lleva al vertedero. De esta forma, aproximadamente se pagan 41.864,31 € al año solo por los pañales (262,7 toneladas).

Los datos son claros y muy significativos. ¿Podemos hacer algo? Nosotros os animamos a conocer el funcionamiento de los pañales de tela reutilizables. Tenemos kits de iniciación y packs muy interesantes. Os podemos ayudar y asesorar tanto la adquisición como en la forma de utilizarlos. ¿A qué estás esperando?

Si en tu localidad o ayuntamiento están interesados en organizar algún taller o charla informativa sobre el tema, no dudes en contactar con nosotros, estaremos encantados de poder colaborar.

¿Y qué está ocurriendo con las botellas de plástico?

Cada minuto se compran en el mundo 1 millón de botellas de plástico. Esto sería un problema “menor” si consiguiéramos reciclar todos estos envases. Las mayoría de las botellas que consumimos están hechas de tereftalto de polietileno, que es un material altamente reciclable. Pero a nivel mundial a duras penas se llegar a recoger el 50% de las botellas utilizadas y en 2016, solo el 7% de esas botellas se convirtió en una nueva botella. La mayoría terminaron en vertederos, o lo que es peor, en el mar.

Aquí, a nivel estatal, tenemos la suerte de disponer una red de agua potable que casi cubre el 100% del territorio, no tenemos excusa. ¿Y por qué no tomar la decisión de prescindir del agua embotellada?

Nosotros en MeitaiMaitie hace tiempo que apostamos por envases reutilizables como las botellas de cristal de Lifefactory. El cristal es un material fácilmente reciclable, fabricado con abundantes componentes naturales. No contiene BPA/BPS, no da sabor a las bebidas o alimentos y se puede lavar sin problemas en el lavavajillas.

En Lifefactory, podemos encontrar desde biberones de 120ml y 260ml, con tetinas y tapones de accesorios hasta botellas de 350ml, 470ml y 650ml, para sustituir todas esas botellas de plástico que rellenamos y que utilizamos en el bolso, en casa, en la oficina… Además, ahora, también podemos encontrar tuppers y vasos con un diseño muy cuidado.

¿A qué estamos esperando? No podemos seguir tratando al planeta como si fuera un vertedero que tiene que autogestionar toda esta basura que generamos. Nos estamos quedando sin tiempo, debemos empezar con pequeñas acciones que se conviertan en grandes compromisos con nosotros mismos y con nuestro medioambiente.

La importancia de sentirte acompañada, un nuevo testimonio de parto

25 octubre, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

Incluso antes de saber que estaba embarazada de mi tercera hija, sabía que la preparación para este parto debía ser diferente, tenía que evitar los problemas que tuve las dos veces anteriores. En el caso de Amets e Izaro, me di cuenta de que me faltaban herramientas, recursos cuando llegó la hora del parto. Me di cuenta de que no era capaz de controlar la situación y esta vez no quería revivir esa sensación, quería quedarme por lo menos con la sensación de haber hecho todo lo que estaba en mis manos.

Conozco a Alazne desde hace años por una afición que tenemos en común y estaba bien informada sobre su labor con las familias durante el embarazo. Siempre me ha llamado la atención su forma de trabajar, su implicación y cercanía porque en el contexto laboral no es fácil encontrarte con personas tan motivadas con su trabajo. Por otra parte, tras lo vivido en los dos partos anteriores sentía que una preparación basada en el movimiento podría ser muy interesante en mi caso.

Nuestro primer parto fue inducido en la semana 42 y tras dar todos los pasos que marcaba el protocolo (rotura de bolsa, oxitocina, postrada en la cama…) pedí la epidural y me hizo reacción sólo en una mitad de mi cuerpo. Además la niña estaba cómoda si yo estaba tumbada sólo hacia un lado, asique me pase horas recostada y sin poder moverme. Cuando acabó el proceso de dilatación, el expulsivo se complico, en aquella postura, tumbada, las pulsaciones de la niña no se recuperaban bien tras las contracciones y el parto acabó con el uso del fórceps. La consecuencia de aquello fue un postparto triste y doloroso.

El segundo parto comenzó de noche e ingresé en el Hospital Donostia con 6cm de dilatación. Volví a pedir que me administraran la epidural y el proceso se ralentizó, por lo que me pusieron oxitocina sintética. En el expulsivo comenzó a repetirse la historia (las pulsaciones bajaban), pero esta vez tenía algo de experiencia y les comenté que no quería revivir un postparto así. Les pedí que evitaran el uso del fórceps una y otra vez y las matronas así lo intentaron, pero también creían que por si acaso debía estar el ginecólogo allí para que me viera empujar. Llegó el ginecólogo, les vi vestirse, les vi que comenzaban a sacar el fórceps de una bolsa… ¡Entonces sí que no pude contener las lágrimas! Tanto la matrona como Aritz me dijeron que empujara con todas mis fuerzas aunque no hubiese contracción y así lo hice y mientras el ginecólogo se preparaba, salió la cabecita de Izaro y al final todo quedo en un susto y en un pequeño desgarro en la misma zona de la episiotomía que me habían hecho en el primer parto.

Viendo lo vivido en los anteriores partos, tenía claro que en mi caso, el hecho de parir tumbada boca arriba en esa cama no les hacía ningún favor a mis hijas porque en los dos partos me había visto en la misma situación. Por eso, con nuestra tercera hija mi objetivo era integrar unas herramientas útiles, conocer mi cuerpo, recuperar la seguridad que había perdido e intentar olvidarme de la opción de la epidural en los momentos más duros para evitar tener que dar a luz tumbada de aquella postura. Y para todo esto tenía claro que necesitaba a Alazne a mi lado.

Se formó un grupo de preparación precioso, trabajamos los distintos temas en un ambiente bonito y aunque Aritz no pudo venir a las clases porque se quedaba con nuestras hijas, cada viernes hablábamos de lo trabajado en las clases y el día del parto me di cuenta de que… ¡Había aprendido muchas más cosas de lo que pensaba!

El 8 de mayo pasó delante de nuestras narices y Laia al igual que sus hermanas no tenía muchas intenciones de nacer. Pero el día 13 sobre las 16:30, a la hora de ir a recoger a las niñas empecé a sentir las contracciones una tras otra y llamé a la ama para que recogiese a las peques. Todos vinieron a casa y junto con mis padres revoloteaban alrededor mía mientras que yo sobrellevaba las contracciones con la pelota con facilidad y charlando con todos. Hacia las 18:00 vi que la cosa iba en serio y llamé a Aritz porque a lo mejor era conveniente que saliera del trabajo y se acercara a Donostia. Llegó sobre las 19:00 y el dolor ya no era tan llevadero y las niñas ya olían que algo pasaba. Dejamos de apuntar la frecuencia de las contracciones y bajamos a por el coche. Hay poca distancia de Gros a Amara pero el hecho de ir con el cinturón no me ayudaba porque no me podía mover como con la pelota y le comente a Aritz que a lo mejor no podría aguantar mucho más sin la epidural. Nos costó llegar del aparcamiento a Urgencias, en cada contracción le pedía a Aritz que me moviera las caderas y eso era ya casi constantemente. Nada más subir a la primera planta el personal sanitario nos estaba esperando y me llevaron a una sala para hacerme una exploración. Me informaron de que estaba completamente dilatada y me trasladaron en una silla de ruedas a la sala de partos. El ginecólogo que me exploró me decía que no gritara pero a mí esta vez me daba igual, estaba viviendo mi momento y sabía que era ¡la última vez! En la habitación se quedaron la matrona titular, la residente y una enfermera.

Alazne nos había comentado que habían renovado algunas de las camas en el hospital y yo estaba en uno de los paritorios con aquella cama estratosférica, pero yo sólo veía el suelo y allí me tiré a cuatro patas. Me prepararon el suelo y la enfermera me consiguió una pelota tal como se lo pidió Aritz y así me monté mi “txoko”. Apoyé mi cabeza y pecho sobre la pelota y aquello me ayudaba mucho a relajarme entre contracciones. Aritz estaba a mi derecha masajeándome la zona lumbar y pélvica y la matrona residente se colocó a mi izquierda, fue mi consciencia en todo momento. Me ayudó con la respiración, me daba ánimos con delicadeza y la tuve agarrada a mi mano en todo momento. Sentía que mi cabeza estaba en otro sitio. Mi sensación era que estaba pariendo sola, con mucha tranquilidad con dos personas de confianza a mi lado. De repente sentí que me partía en dos, que no podía soportar aquel dolor por más tiempo… se rompió la bolsa y el pelito de Laia comenzó a asomar. Qué alegría cuando escuche aquello… ¡Ésta vez todo iba bien! Le pedí a la matrona que no se alejara de mí y colocaron un espejo para que Aritz y ella pudiesen verlo todo. Laia salió sin ningún problema en un par de contracciones sobre las 20:40 y como todos estábamos ene l suelo, me la acercaron pasándomela entre mis piernas. ¡Todos los dolores desaparecieron en un momento! Me senté en la silla de partos para el alumbramiento de la placenta y comprobaron que mi periné estaba intacto (el trabajo con el EPI-NO también había ayudado en eso). Estuvimos como una hora en el paritorio, felices, Laia ya mamando… Luego nos subieron a la habitación y recuerdo que me sentía “pletórica”, punto de arranque importante para hacer frente a los días que venían después.

El tercer parto y postparto han sido muy distintos. Todo el trabajo previo nos ayudó a llevar el parto de una manera diferente. El hacer el trabajo de dilatación en movimiento convirtió aquello mucho más llevadero… para cuando comencé a sentir el dolor intenso, el dolor verdadero ¡había llegado a dilatación completa! Hemos visto que para el expulsivo la cama obstétrica no es la única opción y que lo ideal es escuchar en todo momento lo que pide el cuerpo. Por otra parte me he dado cuenta de la relevancia de sentirte acompañada, de estar rodeada de las personas adecuadas, que el tener ese “feeling” especial con la matrona ayuda a progresar más fácilmente.

¡Sigue acompañando y ayudando a las familias de esa forma agradable Alazne!

“Conciencia corporal y movimiento en el parto”, testimonio de parto

4 octubre, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

Tuve noticias de Alazne gracias al Facebook de MeitaiMaitie. Leí que aquel que estaba interesado en realizar el curso de “Conciencia corporal y movimiento en el parto” tenía la opción de asistir a una charla para poder informarse mejor. Llegué a la charla y casi nada más entrar una joven morena y simpática nos pidió que dibujáramos una pelvis y pensé; “mal empezamos”. La verdad, no soy muy hábil dibujado pero tras garabatear algo y según empezó a comentar cosas sobre nuestro cuerpo me di cuenta de que aquello podría ser muy útil de cara al parto y después de hablarlo con mi pareja decidimos apuntarnos. Nos toco un grupo con tres parejas más. Éramos un grupo pequeño y desde el principio me sentí como en casa, compartiendo nuestras experiencias, sentimientos y también nuestros miedos.

Durante el curso aprendí sobre el funcionamiento del cuerpo. Me di cuenta de la importancia y la influencia del movimiento durante el proceso de dilatación. Vimos que el papel de la pareja era de gran ayuda para realizar los distintos movimientos y eso nos hizo preparar el camino juntos mientras llegara el día del parto. El curso me dio confianza. Confianza y seguridad. Siempre he pensado que nuestro cuerpo es capaz de traer a nuestros hijos por sí sólo, sin ayuda y creo que reforzando ese pensamiento, llegué al hospital de Mendaro con una increíble confianza en mí misma.

Era 27 de diciembre. Sobre las 08:00 de la mañana me levante y rompí la bolsa. Pensé: ¡Esto ha empezado como el primer parto, a ver si no acaba igual!”. La cuestión es que nuestro primer parto fue inducido porque yo no dilataba por mi misma y acabe con oxitocina sintética y analgesia epidural. Fue un parto muy largo.

Llegamos al hospital de Mendaro pasadas las 10:00. Mientras estábamos en la sala de espera ya empecé a sentir las contracciones y pensé que era “buena señal”. Me monitorizaron sobre las 11:00 y aunque tenía contracciones, como eran irregulares me mandaron a planta. Tardaron bastante en derivarme allí y en ese espacio de tiempo las contracciones aumentaron mucho, también respecto a la frecuencia. En la habitación de la planta no estuve ni 10 minutos ya que las contracciones venían ya cada 2 minutos. Tenía una pelota en aquella habitación pero no me sentía cómoda con ella. Me agarraba a mi pareja de su cintura, me colgaba de su cuello y me puse sobre la cama a cuatro patas… tal como aprendí en el curso intentando conectar con el dolor y a la vez intentando hacerlo más llevadero.

Me bajaron a monitores y con el tacto que me hizo la matrona tras una hora de contracciones me dio un subidón: había pasado de estar dilatada 3cm a 7cm. Se acercó el ginecólogo y me preguntó si quería analgesia epidural. Yo lo tenía claro, quería aguantar. Me dije a mi misma que estaba en la recta final y a pesar de que los dolores en aquellas contracciones eran enormes, quería traer a Unax a este mundo por mí misma, con la ayuda de mi pareja, como nuestras abuelas. Los descansos entre contracciones eran mínimos, respiraba bien e intentábamos relajarnos, como lo hacíamos en el curso, visualizándonos en nuestro txoko.

Al llegar al expulsivo me tocaba dar con mi postura. Primero me puse a cuatro patas sobre la cama, pero no estaba cómoda. Me acordé que durante el curso solía estar cómoda tumbada de lado y así fue. Mientras yo estaba tumbada de lado, mi pareja me cogía mi pierna izquierda, de tal manera que como nos enseño Alazne, intentábamos ampliar la pelvis rotando la cadera. A la hora de empujar me costó centrarme en la respiración. Durante el curso me quedó claro que para tratar de respetar el periné es mejor evitar empujar en apnea inspiratoria. Con eso en mi mente, gritaba mientras soltaba el aire pero no dirigía bien aquella fuerza. Perdía mi fuerza por la boca. Mi matrona me dirigió para empuja en apnea y así ayude a que Unax saliera. La consecuencia fue un pequeño desgarro con tres puntos de sutura.

De ahí en adelante todo fue maravilloso. Nos sentíamos tan orgullosos porque habíamos hecho nuestro trabajo fenomenal. Yo estaba que no cabía en mi misma, había realizado un sueño, pude parir sin epidural y eso fue en gran parte por la seguridad que me dieron Alazne y su curso.

Eskerrik asko Alazne, por habernos acompañado en este maravilloso momento de nuestras vidas.

“Era yo la que controlaba la situación y no el dolor”, testimonio de parto

13 septiembre, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

En nuestro caso el objetivo del curso era la participación de la pareja. Yo le solía comentar: “¡Mira Jon, mira esto, lee esto!” Y su respuesta era siempre “sí, sí, sí”.

Hablé con una prima sobre el parto y ella comenzó a hablarme sobre el movimiento en el parto. Una amiga suya había hecho la preparación con Alazne en Zarautz e indague sobre ello y al gustarme mucho, me animé a realizar el curso. En un principio deseaba no tener que utilizar la epidural, pero tampoco iba con una idea hermética. Contacte con Alazne y me pareció bien todo lo que se trabaja en su curso: conocer el cuerpo, el movimiento… mi prima dio a luz de esa manera. El expulsivo fue a gatas, sin epidural y ella también me decía “Ines, fue genial, fue un parto precioso” y eso también me animó a apuntarme en el curso. Nos juntamos un grupo bonito en Zarautz y allí empezamos con los ejercicios… la verdad es que todo iba genial y Jon también se enchufó cuando empezamos con las clases.

Jon: ¡Sí, yo estaba muy perdido! Veía que ella estaba centrada, buscando información en internet… y la verdad es que yo también comenzaba a hacerlo pero pufff ¡que aburrimiento! Hasta que comenzamos el curso delegaba en ella pero después de la clase de testimonios y de escuchar a Jokin, uno de los aitas que participó en los cursos de Alazne me motivé, me ayudó a reflexionar sobre la importancia de saber cómo ayudar cuando llegase el momento, qué hacer y qué no hacer, tener unas herramientas…

Lo que verdaderamente logré con las clases fue confianza. Confianza en mí misma y respecto a lo que iba a ocurrir llegado el momento. Yo trabajo en ASPACE y mi miedo hacia el momento del nacimiento estaba presente, si el niño podría sufrir, si yo sería capaz de parir o no… Tras el curso, eso se convirtió en el último miedo, durante el parto ¡ni siquiera lo pensé! Y lo que me ayudó mucho fueron los ejercicios de relajación y visualizaciones. Yo los realizaba todos los días y me aportaron mucha confianza; imaginaba el momento e intentaba visualizarme abriéndole el camino a mi hijo, imaginando su llegada y con eso gané mucha confianza. Me sentía confiada y tranquila, eso me extrañaba mucho porque suelo darle muchas vueltas a todo. Pero en la recta final del embarazo me encontré realmente tranquila.

Cuando llegó el momento, era un martes por la noche. Habían pasado 3-4 días desde la fecha teórica; el ginecólogo me realizó la maniobra de “Hamilton” y entonces sí que me asusté: “ ¿Ha sido la decisión correcta? ¿Tenía que haber esperado?”. Ese martes a la noche comenzaron las contracciones y al principio me bloquee y le dije a Jon: ¡Ay ama, son contracciones! Y él me comentó que lo mejor era descansar y que si el proceso seguía subiríamos al hospital. Agradecí mucho su tranquilidad en aquel momento. Yo creo que si no hubiésemos participado en el curso, subiríamos corriendo al hospital y esperaríamos a ver qué ocurría.

La cuestión es que nos acostamos y las contracciones se pararon. A la mañana siguiente expulse el tapón mucoso y me volví a asustar: ¿Ay ama, que es esto? A la tarde había quedado con mi ama pero le di una excusa tonta para disimular y fui a dar un paseo con Jon. El seguía tranquilo y ahora ya controlaba las contracciones; para entonces comenzaron a tener una frecuencia de 3 minutos y ahí empezó a ponerse nervioso. Volvimos a casa y el cuerpo me pedía utilizar la pelota y mientras el preparaba la cena yo me ocupaba de las tareas domésticas, necesitaba estar entretenida. Pero de repente yo misma le pedí: ¡¡Vamos al hospital!

Nada más llegar al hospital de Donostia todo fue genial, el trato fue extraordinario. Me realizaron una exploración vaginal y al parecer estaba con una dilatación de 3cm y la situación era muy favorable. En la primera monitorización querían que la gráfica fuera perfecta y ahí sí tuvimos un momento algo tenso porque Eñaut estaba inquieto. La matrona nos ayudo mucho, hablamos sobre el plan de parto (aunque lo llevamos escrito) y decidieron ingresarnos en una habitación normal. Yo comencé con los ejercicios con la pelota pero la matrona, sabiendo que yo quería intentar un parto sin epidural y que el proceso podría alargarse, nos recomendó darnos una ducha y acostarnos un rato. A mí me daba miedo de que al acostarme las contracciones se pararan. Aun así me di una ducha y me acosté de lado. Pusimos el audio de uno de los ejercicios de relajación y visualización, nos relajamos, visualicé el momento, abriendo el camino, Eñaut descendiendo por mi cuerpo, acompañando a cada contracción con movimiento… estaba muy tranquila, llena de confianza. Era yo la que controlaba la situación y no el dolor. De repente rompí la bolsa amniótica y llamamos a la matrona; como soy un poco curiosa le pregunte si eran limpias, cómo sabía si lo eran… todo con tranquilidad. La dilatación era ya de 5cm y nos ofrecieron de todo: la bañera, un saco de semillas que utilicé muy agusto…

Volví a la ducha y esta vez aumente la temperatura del agua pero empecé a sentirme un poco mareada asique salí y me senté en el inodoro y en seguida sentí unas ganas de defecar-empujar. La matrona me recordó que debía monitorizarme pero yo le decía que no, que tenía ganas de empujar y que no me podía mover de allí. Creemos que en ese momento ella también se apuró un poco, porque no esperábamos pasar de 5 a 10 en una hora. Llevé las contracciones muy bien, ni siquiera me acordé de la opción de la epidural. Al final, pude moverme y acercarme a la cama (yo no quería acostarme) y allí, de pie, la matrona me volvió a explorar y ya estábamos casi en ¡dilatación completa! Me acercaron una silla de ruedas y fuimos a toda velocidad a la sala de partos.

En el paritorio también todo fue muy bien. El cuerpo me pedía parir de pie, agachándome un poco. Me ofrecieron una silla de partos pero no me sentía cómoda en ella. Probamos distintas posturas y yo me encontraba agusto tumbada de lado. En nuestro paritorio había una de las nuevas camas del hospital y la matrona la orientó para favorecer la salida del bebé, pero ahí de nuevo no estaba cómoda. Al final, le realizó otros cambios a la cama y pude ponerme sentada, con el sacro libre, agarrándome a unos enganches… ahora sí estaba cómoda. Durante el expulsivo la matrona volvió a orientarme, me pusieron un espejo para ver la cabecita de Eñaut, pero la verdad es que yo no veía nada, estaba muy concentrada en los pujos. Me comentó que iba a necesitar una episiotomía y yo le pedí que esperara un poco, que lo quería intentar. La cabeza asomaba pero no acababa de salir…

Jon: si, se veía que quería salir pero todavía le faltaba bastante y entendí que la propuesta de la matrona era la correcta. Eso sí, en ese momento si que estaba nervioso,¡ que tensión!

Me hizo un pequeño corte. Cuando me lo suturaron lo pasé peor que durante el parto. Tengo una sensación súper buena, bonita. En seguida le dije a Jon “¡Cuando quieras traemos otro!”. Al final fue un chicarrón más grande de lo que esperábamos. Eñaut pero algo más de 4 kilos. En seguida me lo pusieron encima, en seguida se agarro al pecho y nos dejaron tranquilos 2 o 3 horas en la sala contigua.

El prepararnos, el conectar y el creernos capaces han sido cosas muy importantes para nosotros y la verdad es que ha sido una experiencia increíble. Saber que Alazne estaba ahí para aclarar cualquier duda nos ayudó mucho. Y también para tener la mente abierta; por ejemplo durante el embarazo no me sentía cómoda con la pelota y cuando llegó el día lo necesitaba. Ha sido genial tener distintas opciones y herramientas a mano para luego hacer lo que el cuerpo pide, reconocer lo que te pide, porque realmente sabes qué tienes que hacer.

¡Ha sido una experiencia muy bonita!

© Meitaimaitie. 2018