La importancia de sentirte acompañada, un nuevo testimonio de parto

25 octubre, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

Incluso antes de saber que estaba embarazada de mi tercera hija, sabía que la preparación para este parto debía ser diferente, tenía que evitar los problemas que tuve las dos veces anteriores. En el caso de Amets e Izaro, me di cuenta de que me faltaban herramientas, recursos cuando llegó la hora del parto. Me di cuenta de que no era capaz de controlar la situación y esta vez no quería revivir esa sensación, quería quedarme por lo menos con la sensación de haber hecho todo lo que estaba en mis manos.

Conozco a Alazne desde hace años por una afición que tenemos en común y estaba bien informada sobre su labor con las familias durante el embarazo. Siempre me ha llamado la atención su forma de trabajar, su implicación y cercanía porque en el contexto laboral no es fácil encontrarte con personas tan motivadas con su trabajo. Por otra parte, tras lo vivido en los dos partos anteriores sentía que una preparación basada en el movimiento podría ser muy interesante en mi caso.

Nuestro primer parto fue inducido en la semana 42 y tras dar todos los pasos que marcaba el protocolo (rotura de bolsa, oxitocina, postrada en la cama…) pedí la epidural y me hizo reacción sólo en una mitad de mi cuerpo. Además la niña estaba cómoda si yo estaba tumbada sólo hacia un lado, asique me pase horas recostada y sin poder moverme. Cuando acabó el proceso de dilatación, el expulsivo se complico, en aquella postura, tumbada, las pulsaciones de la niña no se recuperaban bien tras las contracciones y el parto acabó con el uso del fórceps. La consecuencia de aquello fue un postparto triste y doloroso.

El segundo parto comenzó de noche e ingresé en el Hospital Donostia con 6cm de dilatación. Volví a pedir que me administraran la epidural y el proceso se ralentizó, por lo que me pusieron oxitocina sintética. En el expulsivo comenzó a repetirse la historia (las pulsaciones bajaban), pero esta vez tenía algo de experiencia y les comenté que no quería revivir un postparto así. Les pedí que evitaran el uso del fórceps una y otra vez y las matronas así lo intentaron, pero también creían que por si acaso debía estar el ginecólogo allí para que me viera empujar. Llegó el ginecólogo, les vi vestirse, les vi que comenzaban a sacar el fórceps de una bolsa… ¡Entonces sí que no pude contener las lágrimas! Tanto la matrona como Aritz me dijeron que empujara con todas mis fuerzas aunque no hubiese contracción y así lo hice y mientras el ginecólogo se preparaba, salió la cabecita de Izaro y al final todo quedo en un susto y en un pequeño desgarro en la misma zona de la episiotomía que me habían hecho en el primer parto.

Viendo lo vivido en los anteriores partos, tenía claro que en mi caso, el hecho de parir tumbada boca arriba en esa cama no les hacía ningún favor a mis hijas porque en los dos partos me había visto en la misma situación. Por eso, con nuestra tercera hija mi objetivo era integrar unas herramientas útiles, conocer mi cuerpo, recuperar la seguridad que había perdido e intentar olvidarme de la opción de la epidural en los momentos más duros para evitar tener que dar a luz tumbada de aquella postura. Y para todo esto tenía claro que necesitaba a Alazne a mi lado.

Se formó un grupo de preparación precioso, trabajamos los distintos temas en un ambiente bonito y aunque Aritz no pudo venir a las clases porque se quedaba con nuestras hijas, cada viernes hablábamos de lo trabajado en las clases y el día del parto me di cuenta de que… ¡Había aprendido muchas más cosas de lo que pensaba!

El 8 de mayo pasó delante de nuestras narices y Laia al igual que sus hermanas no tenía muchas intenciones de nacer. Pero el día 13 sobre las 16:30, a la hora de ir a recoger a las niñas empecé a sentir las contracciones una tras otra y llamé a la ama para que recogiese a las peques. Todos vinieron a casa y junto con mis padres revoloteaban alrededor mía mientras que yo sobrellevaba las contracciones con la pelota con facilidad y charlando con todos. Hacia las 18:00 vi que la cosa iba en serio y llamé a Aritz porque a lo mejor era conveniente que saliera del trabajo y se acercara a Donostia. Llegó sobre las 19:00 y el dolor ya no era tan llevadero y las niñas ya olían que algo pasaba. Dejamos de apuntar la frecuencia de las contracciones y bajamos a por el coche. Hay poca distancia de Gros a Amara pero el hecho de ir con el cinturón no me ayudaba porque no me podía mover como con la pelota y le comente a Aritz que a lo mejor no podría aguantar mucho más sin la epidural. Nos costó llegar del aparcamiento a Urgencias, en cada contracción le pedía a Aritz que me moviera las caderas y eso era ya casi constantemente. Nada más subir a la primera planta el personal sanitario nos estaba esperando y me llevaron a una sala para hacerme una exploración. Me informaron de que estaba completamente dilatada y me trasladaron en una silla de ruedas a la sala de partos. El ginecólogo que me exploró me decía que no gritara pero a mí esta vez me daba igual, estaba viviendo mi momento y sabía que era ¡la última vez! En la habitación se quedaron la matrona titular, la residente y una enfermera.

Alazne nos había comentado que habían renovado algunas de las camas en el hospital y yo estaba en uno de los paritorios con aquella cama estratosférica, pero yo sólo veía el suelo y allí me tiré a cuatro patas. Me prepararon el suelo y la enfermera me consiguió una pelota tal como se lo pidió Aritz y así me monté mi “txoko”. Apoyé mi cabeza y pecho sobre la pelota y aquello me ayudaba mucho a relajarme entre contracciones. Aritz estaba a mi derecha masajeándome la zona lumbar y pélvica y la matrona residente se colocó a mi izquierda, fue mi consciencia en todo momento. Me ayudó con la respiración, me daba ánimos con delicadeza y la tuve agarrada a mi mano en todo momento. Sentía que mi cabeza estaba en otro sitio. Mi sensación era que estaba pariendo sola, con mucha tranquilidad con dos personas de confianza a mi lado. De repente sentí que me partía en dos, que no podía soportar aquel dolor por más tiempo… se rompió la bolsa y el pelito de Laia comenzó a asomar. Qué alegría cuando escuche aquello… ¡Ésta vez todo iba bien! Le pedí a la matrona que no se alejara de mí y colocaron un espejo para que Aritz y ella pudiesen verlo todo. Laia salió sin ningún problema en un par de contracciones sobre las 20:40 y como todos estábamos ene l suelo, me la acercaron pasándomela entre mis piernas. ¡Todos los dolores desaparecieron en un momento! Me senté en la silla de partos para el alumbramiento de la placenta y comprobaron que mi periné estaba intacto (el trabajo con el EPI-NO también había ayudado en eso). Estuvimos como una hora en el paritorio, felices, Laia ya mamando… Luego nos subieron a la habitación y recuerdo que me sentía “pletórica”, punto de arranque importante para hacer frente a los días que venían después.

El tercer parto y postparto han sido muy distintos. Todo el trabajo previo nos ayudó a llevar el parto de una manera diferente. El hacer el trabajo de dilatación en movimiento convirtió aquello mucho más llevadero… para cuando comencé a sentir el dolor intenso, el dolor verdadero ¡había llegado a dilatación completa! Hemos visto que para el expulsivo la cama obstétrica no es la única opción y que lo ideal es escuchar en todo momento lo que pide el cuerpo. Por otra parte me he dado cuenta de la relevancia de sentirte acompañada, de estar rodeada de las personas adecuadas, que el tener ese “feeling” especial con la matrona ayuda a progresar más fácilmente.

¡Sigue acompañando y ayudando a las familias de esa forma agradable Alazne!

“Conciencia corporal y movimiento en el parto”, testimonio de parto

4 octubre, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

Tuve noticias de Alazne gracias al Facebook de MeitaiMaitie. Leí que aquel que estaba interesado en realizar el curso de “Conciencia corporal y movimiento en el parto” tenía la opción de asistir a una charla para poder informarse mejor. Llegué a la charla y casi nada más entrar una joven morena y simpática nos pidió que dibujáramos una pelvis y pensé; “mal empezamos”. La verdad, no soy muy hábil dibujado pero tras garabatear algo y según empezó a comentar cosas sobre nuestro cuerpo me di cuenta de que aquello podría ser muy útil de cara al parto y después de hablarlo con mi pareja decidimos apuntarnos. Nos toco un grupo con tres parejas más. Éramos un grupo pequeño y desde el principio me sentí como en casa, compartiendo nuestras experiencias, sentimientos y también nuestros miedos.

Durante el curso aprendí sobre el funcionamiento del cuerpo. Me di cuenta de la importancia y la influencia del movimiento durante el proceso de dilatación. Vimos que el papel de la pareja era de gran ayuda para realizar los distintos movimientos y eso nos hizo preparar el camino juntos mientras llegara el día del parto. El curso me dio confianza. Confianza y seguridad. Siempre he pensado que nuestro cuerpo es capaz de traer a nuestros hijos por sí sólo, sin ayuda y creo que reforzando ese pensamiento, llegué al hospital de Mendaro con una increíble confianza en mí misma.

Era 27 de diciembre. Sobre las 08:00 de la mañana me levante y rompí la bolsa. Pensé: ¡Esto ha empezado como el primer parto, a ver si no acaba igual!”. La cuestión es que nuestro primer parto fue inducido porque yo no dilataba por mi misma y acabe con oxitocina sintética y analgesia epidural. Fue un parto muy largo.

Llegamos al hospital de Mendaro pasadas las 10:00. Mientras estábamos en la sala de espera ya empecé a sentir las contracciones y pensé que era “buena señal”. Me monitorizaron sobre las 11:00 y aunque tenía contracciones, como eran irregulares me mandaron a planta. Tardaron bastante en derivarme allí y en ese espacio de tiempo las contracciones aumentaron mucho, también respecto a la frecuencia. En la habitación de la planta no estuve ni 10 minutos ya que las contracciones venían ya cada 2 minutos. Tenía una pelota en aquella habitación pero no me sentía cómoda con ella. Me agarraba a mi pareja de su cintura, me colgaba de su cuello y me puse sobre la cama a cuatro patas… tal como aprendí en el curso intentando conectar con el dolor y a la vez intentando hacerlo más llevadero.

Me bajaron a monitores y con el tacto que me hizo la matrona tras una hora de contracciones me dio un subidón: había pasado de estar dilatada 3cm a 7cm. Se acercó el ginecólogo y me preguntó si quería analgesia epidural. Yo lo tenía claro, quería aguantar. Me dije a mi misma que estaba en la recta final y a pesar de que los dolores en aquellas contracciones eran enormes, quería traer a Unax a este mundo por mí misma, con la ayuda de mi pareja, como nuestras abuelas. Los descansos entre contracciones eran mínimos, respiraba bien e intentábamos relajarnos, como lo hacíamos en el curso, visualizándonos en nuestro txoko.

Al llegar al expulsivo me tocaba dar con mi postura. Primero me puse a cuatro patas sobre la cama, pero no estaba cómoda. Me acordé que durante el curso solía estar cómoda tumbada de lado y así fue. Mientras yo estaba tumbada de lado, mi pareja me cogía mi pierna izquierda, de tal manera que como nos enseño Alazne, intentábamos ampliar la pelvis rotando la cadera. A la hora de empujar me costó centrarme en la respiración. Durante el curso me quedó claro que para tratar de respetar el periné es mejor evitar empujar en apnea inspiratoria. Con eso en mi mente, gritaba mientras soltaba el aire pero no dirigía bien aquella fuerza. Perdía mi fuerza por la boca. Mi matrona me dirigió para empuja en apnea y así ayude a que Unax saliera. La consecuencia fue un pequeño desgarro con tres puntos de sutura.

De ahí en adelante todo fue maravilloso. Nos sentíamos tan orgullosos porque habíamos hecho nuestro trabajo fenomenal. Yo estaba que no cabía en mi misma, había realizado un sueño, pude parir sin epidural y eso fue en gran parte por la seguridad que me dieron Alazne y su curso.

Eskerrik asko Alazne, por habernos acompañado en este maravilloso momento de nuestras vidas.

“Era yo la que controlaba la situación y no el dolor”, testimonio de parto

13 septiembre, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

En nuestro caso el objetivo del curso era la participación de la pareja. Yo le solía comentar: “¡Mira Jon, mira esto, lee esto!” Y su respuesta era siempre “sí, sí, sí”.

Hablé con una prima sobre el parto y ella comenzó a hablarme sobre el movimiento en el parto. Una amiga suya había hecho la preparación con Alazne en Zarautz e indague sobre ello y al gustarme mucho, me animé a realizar el curso. En un principio deseaba no tener que utilizar la epidural, pero tampoco iba con una idea hermética. Contacte con Alazne y me pareció bien todo lo que se trabaja en su curso: conocer el cuerpo, el movimiento… mi prima dio a luz de esa manera. El expulsivo fue a gatas, sin epidural y ella también me decía “Ines, fue genial, fue un parto precioso” y eso también me animó a apuntarme en el curso. Nos juntamos un grupo bonito en Zarautz y allí empezamos con los ejercicios… la verdad es que todo iba genial y Jon también se enchufó cuando empezamos con las clases.

Jon: ¡Sí, yo estaba muy perdido! Veía que ella estaba centrada, buscando información en internet… y la verdad es que yo también comenzaba a hacerlo pero pufff ¡que aburrimiento! Hasta que comenzamos el curso delegaba en ella pero después de la clase de testimonios y de escuchar a Jokin, uno de los aitas que participó en los cursos de Alazne me motivé, me ayudó a reflexionar sobre la importancia de saber cómo ayudar cuando llegase el momento, qué hacer y qué no hacer, tener unas herramientas…

Lo que verdaderamente logré con las clases fue confianza. Confianza en mí misma y respecto a lo que iba a ocurrir llegado el momento. Yo trabajo en ASPACE y mi miedo hacia el momento del nacimiento estaba presente, si el niño podría sufrir, si yo sería capaz de parir o no… Tras el curso, eso se convirtió en el último miedo, durante el parto ¡ni siquiera lo pensé! Y lo que me ayudó mucho fueron los ejercicios de relajación y visualizaciones. Yo los realizaba todos los días y me aportaron mucha confianza; imaginaba el momento e intentaba visualizarme abriéndole el camino a mi hijo, imaginando su llegada y con eso gané mucha confianza. Me sentía confiada y tranquila, eso me extrañaba mucho porque suelo darle muchas vueltas a todo. Pero en la recta final del embarazo me encontré realmente tranquila.

Cuando llegó el momento, era un martes por la noche. Habían pasado 3-4 días desde la fecha teórica; el ginecólogo me realizó la maniobra de “Hamilton” y entonces sí que me asusté: “ ¿Ha sido la decisión correcta? ¿Tenía que haber esperado?”. Ese martes a la noche comenzaron las contracciones y al principio me bloquee y le dije a Jon: ¡Ay ama, son contracciones! Y él me comentó que lo mejor era descansar y que si el proceso seguía subiríamos al hospital. Agradecí mucho su tranquilidad en aquel momento. Yo creo que si no hubiésemos participado en el curso, subiríamos corriendo al hospital y esperaríamos a ver qué ocurría.

La cuestión es que nos acostamos y las contracciones se pararon. A la mañana siguiente expulse el tapón mucoso y me volví a asustar: ¿Ay ama, que es esto? A la tarde había quedado con mi ama pero le di una excusa tonta para disimular y fui a dar un paseo con Jon. El seguía tranquilo y ahora ya controlaba las contracciones; para entonces comenzaron a tener una frecuencia de 3 minutos y ahí empezó a ponerse nervioso. Volvimos a casa y el cuerpo me pedía utilizar la pelota y mientras el preparaba la cena yo me ocupaba de las tareas domésticas, necesitaba estar entretenida. Pero de repente yo misma le pedí: ¡¡Vamos al hospital!

Nada más llegar al hospital de Donostia todo fue genial, el trato fue extraordinario. Me realizaron una exploración vaginal y al parecer estaba con una dilatación de 3cm y la situación era muy favorable. En la primera monitorización querían que la gráfica fuera perfecta y ahí sí tuvimos un momento algo tenso porque Eñaut estaba inquieto. La matrona nos ayudo mucho, hablamos sobre el plan de parto (aunque lo llevamos escrito) y decidieron ingresarnos en una habitación normal. Yo comencé con los ejercicios con la pelota pero la matrona, sabiendo que yo quería intentar un parto sin epidural y que el proceso podría alargarse, nos recomendó darnos una ducha y acostarnos un rato. A mí me daba miedo de que al acostarme las contracciones se pararan. Aun así me di una ducha y me acosté de lado. Pusimos el audio de uno de los ejercicios de relajación y visualización, nos relajamos, visualicé el momento, abriendo el camino, Eñaut descendiendo por mi cuerpo, acompañando a cada contracción con movimiento… estaba muy tranquila, llena de confianza. Era yo la que controlaba la situación y no el dolor. De repente rompí la bolsa amniótica y llamamos a la matrona; como soy un poco curiosa le pregunte si eran limpias, cómo sabía si lo eran… todo con tranquilidad. La dilatación era ya de 5cm y nos ofrecieron de todo: la bañera, un saco de semillas que utilicé muy agusto…

Volví a la ducha y esta vez aumente la temperatura del agua pero empecé a sentirme un poco mareada asique salí y me senté en el inodoro y en seguida sentí unas ganas de defecar-empujar. La matrona me recordó que debía monitorizarme pero yo le decía que no, que tenía ganas de empujar y que no me podía mover de allí. Creemos que en ese momento ella también se apuró un poco, porque no esperábamos pasar de 5 a 10 en una hora. Llevé las contracciones muy bien, ni siquiera me acordé de la opción de la epidural. Al final, pude moverme y acercarme a la cama (yo no quería acostarme) y allí, de pie, la matrona me volvió a explorar y ya estábamos casi en ¡dilatación completa! Me acercaron una silla de ruedas y fuimos a toda velocidad a la sala de partos.

En el paritorio también todo fue muy bien. El cuerpo me pedía parir de pie, agachándome un poco. Me ofrecieron una silla de partos pero no me sentía cómoda en ella. Probamos distintas posturas y yo me encontraba agusto tumbada de lado. En nuestro paritorio había una de las nuevas camas del hospital y la matrona la orientó para favorecer la salida del bebé, pero ahí de nuevo no estaba cómoda. Al final, le realizó otros cambios a la cama y pude ponerme sentada, con el sacro libre, agarrándome a unos enganches… ahora sí estaba cómoda. Durante el expulsivo la matrona volvió a orientarme, me pusieron un espejo para ver la cabecita de Eñaut, pero la verdad es que yo no veía nada, estaba muy concentrada en los pujos. Me comentó que iba a necesitar una episiotomía y yo le pedí que esperara un poco, que lo quería intentar. La cabeza asomaba pero no acababa de salir…

Jon: si, se veía que quería salir pero todavía le faltaba bastante y entendí que la propuesta de la matrona era la correcta. Eso sí, en ese momento si que estaba nervioso,¡ que tensión!

Me hizo un pequeño corte. Cuando me lo suturaron lo pasé peor que durante el parto. Tengo una sensación súper buena, bonita. En seguida le dije a Jon “¡Cuando quieras traemos otro!”. Al final fue un chicarrón más grande de lo que esperábamos. Eñaut pero algo más de 4 kilos. En seguida me lo pusieron encima, en seguida se agarro al pecho y nos dejaron tranquilos 2 o 3 horas en la sala contigua.

El prepararnos, el conectar y el creernos capaces han sido cosas muy importantes para nosotros y la verdad es que ha sido una experiencia increíble. Saber que Alazne estaba ahí para aclarar cualquier duda nos ayudó mucho. Y también para tener la mente abierta; por ejemplo durante el embarazo no me sentía cómoda con la pelota y cuando llegó el día lo necesitaba. Ha sido genial tener distintas opciones y herramientas a mano para luego hacer lo que el cuerpo pide, reconocer lo que te pide, porque realmente sabes qué tienes que hacer.

¡Ha sido una experiencia muy bonita!

Ama Taldea (Grupo de madres)

6 septiembre, 2017 | Comentarios (0) | General

Septiembre ha arrancado y también varios proyectos que llevaban tiempo “cociéndose” en MeitaiMaitie. Uno de los que nos llena de ilusión y del que os vamos a hablar hoy: “Ama Taldea”, un grupo de madres en el que estamos trabajando. Un sueño convertido en iniciativa que estamos desarrollando junto con Joana Aguado, amiga desde hace tiempo de Ander, Gloria y MeitaiMaitie.

Joana Aguado es psicóloga y terapeuta Gestalt. Ha creado Lasai Psikoterapia en Tolosa, y ahora, nuestro MeitaiMaitie Studio Tolosa que ya muchos conocéis, está ubicado exactamente ahí, en el espacio que compartimos con Joana. Gracias a la convivencia de ambos espacios y proyectos nació esta enriquecedora iniciativa.

La sociedad individualista en la que vivimos nos empuja casi inevitablemente a vivir la maternidad en soledad y con el grupo de madres “Ama Taldea” queremos ofrecer el apoyo y esa “tribu” tan necesaria en esta fase de la vida.

¿QUÉ ES EL GRUPO “AMA TALDEA”?

“Ama Taldea” esta formado por mujeres que son madres. Es un espacio en el que compartir las intensas emociones que despierta la maternidad. Un lugar en el que desarrollar la confianza, descargar tensiones y tener la oportunidad de ser conscientes de cuáles son nuestras necesidades, y encontrar así el camino que cada una tenemos para ser madres.

La única forma de criar y proteger a nuestras hijas e hijos es queriéndonos a nosotras mismas, cuidándonos y respetándonos. Nuestro espacio, nuestro tiempo, nuestro momento…

¿Y QUÉ HACEMOS EN ESTOS ENCUENTROS?

Tendremos la oportunidad de compartir experiencias con mujeres que están en una situación similar a la nuestra. Y poder entender y profundizar en las intensas emociones que despierta la maternidad: Amor, Miedo, Cansancio, Alegría, Enfado, Culpa… ¿qué hacemos con todo esto?.

Entenderemos que no hay una única forma de ser madre. Desmontaremos la teoría de las “buenas madres” y “malas madres”, e impulsaremos el autocuidado. Tan importante como cuidar de los pequeños, es cuidarnos. Reservar un momento para nosotras, escucharnos y acostumbrarnos a cubrir nuestras necesidades es vital para nuestra salud. De esta manera disfrutaremos, junto con toda la familia, de una maternidad y una crianza mucho más saludables.

¿POR QUÉ UN GRUPO DE MADRES?

Hoy día tenemos muchísima información sobre maternidad y crianza. Todo el mundo tiene una opinión person ay una teoría que la defiende sobre lo que está “bien” y lo que está “mal”. Así las cosas, se está perdiendo el foco sobre la mujer que con amor está intentando hacerlo lo mejor posible.

No hay una única maternidad, y cada una tiene derecho a disfrutarla a su manera. Por ello el grupo nos va a dar la oportunidad de ver que hay diferentes formas de afrontar la maternidad, comprendiendo que en el fondo, a todas nos mueve lo mismo.

Una forma de ayudar a la madre es enseñarle a que se cuide. Que se dé cuenta de qué siente y qué necesita en cada momento. Dándole a nuestro cuerpo y a nuestra mente el permiso para parar, respirar, mirar nuestro interior, y también para identificar nuestros límites y respetarlos.

¿QUIÉNES FORMAMOS LOS GRUPOS?

Cada grupo estará formado por un máximo de 8 mujeres. Joana Aguado, psicóloga y psicoterapeuta Gestalt, será la que guíe las sesiones. Se gestionará el grupo desde el punto de vista humanístico, integrando cuerpo, mente y emociones.

¿CUÁNDO SERÁN LAS REUNIONES?

Las reuniones será cada dos semanas, en sesiones de 2 horas.

¿DÓNDE?

En Zarautz, en la tienda MEITAIMAITIE.

Y en Tolosa, en el espacio LASAI Psikoterapia (MEITAIMAITIE Studio Tolosa).

>——–<

Presentación del grupo, 29 de septiembre, en Zarautz: ¡Apúntate!

>——–<

 

Irudiaren iturria: Jordan McQueen (Unsplash)

Lili, el testimonio de parto del nacimiento de una flor

23 agosto, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

Lili. Este es el nombre que elegimos para nuestra hija. Cuando estaba embarazada una vez me dijeron: “¿Lili? ¡Ya puede ser bonita con ese nombre!” Y lo es, la más bonita entre todas las flores.

Supimos a primeros de agosto del 2016 que estábamos embarazados. Al igual que 3 años antes con nuestro hijo, la noticia del embarazo nos alegro muchísimo. El parto de Joanes fue muy lento: necesité tres noches para dilatar 6-7 cm. Nos informaron que las aguas estaban teñidas y la cabeza estaba muy alta, y a pesar de recibir distintas ayudas para que el parto progresara y tras dilatarme completamente, nuestro hijo de 3,650kg nació por cesárea. Sabíamos que habíamos hecho todo lo que pudimos y éramos conscientes de que la intervención fue totalmente necesaria, pero se nos quedó clavada una espinita. Y además, desde entonces, teníamos el pensamiento de que en un próximo parto podría ocurrir lo mismo.

Llegados al ecuador del embarazo de Lili comenzamos a conectar con el nuevo parto. ¿Cómo sería esta vez? ¿Más fácil? ¿Más fisiológico? La tía de Lili realizó el curso de preparación al parto en Zarautz y ella nos habló por primera vez de Alazne. Fuimos a una de las charlas gratuitas a saber más sobre el curso y no hubo dudas: nos apuntamos.

Nos tocó un grupo agradable, en un entorno de intimidad y confianza. El curso nos ha aportado mucha información, información a raudales. Si tuviera que recalcar algo recalcaría la cercanía de Alazne y el método NACES que hizo que se me removiera todo. ¡Ay madre, cuánto me han hecho llorar los dos! Hasta la llegada de Lili apretujé mil veces la mariposa de oxitocina que dibujamos en familia.

También hicimos uso de otros recursos esta vez: una pelvimetría, sesiones de osteopatía, etc. Estamos convencidos de que las sesiones de osteopatía fueron de gran ayuda para que Lili se colocara mejor, para liberar las tensiones entre las cicatrices de una intervención antigua y el útero…

La fecha teórica de parto era el 19 de abril, pero las primeras olas comenzaron la noche del 25. Fueron contracciones muy intensas desde el principio, pero muy irregulares. El ginecólogo nos había advertido de que las dilataciones en los segundos embarazos solían ser más rápidas y por si acaso subimos al hospital a primera hora. Allí recibí el primer bofetón: estaba dilatada de un único centímetro, aquellas contracciones eran pródromos de parto. Me pareció una palabra horrible que nunca había oído, no podía significar nada bueno. Acababa de pasar una noche dura y empezaba a sentir que aquello se parecía al primer parto.

Durante el día, aquel 26 de abril, las contracciones fueron mucho más espaciadas y al atardecer se volvieron más frecuentes. Seguían siendo irregulares y tras otra noche sin dormir y pensando “¡Esta vez sí!”, a la mañana subimos al hospital de nuevo. Allí recibimos la segunda bofetada: 3 cm de dilatación y a casa otra vez.

27 de abril. Otra vez lo mismo y estaba al caer la tercera noche. Volví a pasar toda la noche con contracciones muy duras, sola porque así lo deseaba. Seguían siendo contracciones irregulares y me daba hasta “vergüenza” volver a subir al hospital, así que decidimos hablar con nuestro ginecólogo primero.

28 de abril. El ginecólogo nos exploró a las 12:00 y al estar dilatada de 6 cm nos ordenó subir al hospital ya que al tener una cesárea previa era importante mantener la cicatriz de mi útero bien controlada.

La tarde la pasamos con pocas contracciones y con una sensación de que estábamos allí en vano, aunque la verdad es que estaba tranquila y conseguí hasta descansar. Echaba mucho de menos a mi pequeño. La matrona y la ginecóloga, al ver que las horas pasaban, nos informaron sobre las distintas opciones. Yo estaba al límite de mis fuerzas y con la moral baja, pero decidimos esperar a la mañana siguiente sin intervenciones. Venía la cuarta noche… Estaba tan cansada…

La osteópata y Alazne estaban al tanto de todo, y la osteópata se ofreció a subir a nuestra habitación cuando acabara con su trabajo en la consulta. Durante dos horas y media largas nos ayudo a Lili y a mí, y cuando las contracciones se hicieron más frecuentes se fue a casa, casi a las 23:00. ¡Mil gracias, Nerea!

29 de abril. Tras una noche larga y dura, esperaba estar más dilatada. Sobre las 07:00 la matrona y la ginecóloga entraron en nuestra habitación y recibí otra bofetada: seguía dilatada de 6 cm. Tenía que empezar a aceptar sus propuestas. Habíamos hablado de que empezaríamos con la rotura de la bolsa, y así lo hicieron. Me pidieron que fuese a caminar durante un par de horas. Fueron dos horas largas, porque casi no me podía aguantar en pie. En nuestro primer parto, rompieron la bolsa y enseguida dilaté por completo, – eso esperaba que ocurriese también esta vez.

¡Pues no! Algo antes de las 11:00 me dijeron que la dilatación había llegado a los 8 cm pero el cuello seguía bastante posterior y la cabeza de Lili no había bajado demasiado. Entonces las dos ginecólogas me hablaron de la opción de la epidural y aunque desganados, decidimos hacer uso de ella. La experiencia con la epidural fue agridulce: no me cogió bien de un lado, tenía una sensación de llenazo y náuseas, y además se me despertó un dolor intenso en el lado derecho de mi abdomen. Me administraron una dosis mínima de oxitocina para intensificar el trabajo de parto, pero con cuidado para no perjudicar la cicatriz de mi útero. De ahí en adelante sabía que debía estar encamada y monitorizada todo el rato.

Veían posible un parto vaginal y me pidieron un último esfuerzo: mantener durante una hora la posición de Buddha. Se me hizo mucho más duro de lo que pensaba, pero al pasar la hora me informaron de que estaba completamente dilatada y Lili había bajado bastante, a pesar de no estar en el último plano. Yo estaba reventada y siendo honesta, me sentía débil y ya no me importaba demasiado por qué vía nacía Lili. Necesitaba que todo acabase cuanto antes. Tenía un rayo de esperanza, pero no me fiaba sobre si sería capaz de empujar. Me sentía muy débil.

En la sala de partos todo ocurrió muy rápido. Aunque no lo pensaba, sí que tenía fuerzas para empujar. Gracias a un espejo vi el pelito de Lili y de verdad os digo que eso me dio una fuerzas terribles. “¡Empuja!” “¡Así sí, muy bien!” “¡Ventosa!”. Aquel último grito me hizo pensar que el parto vaginal era posible. Y así, en dos pujos dirigidos por el equipo, ¡nació nuestra Lili! Qué alegría, inmensa. Era preciosa, muy bonita, la más bonita entre todas las flores.

El equipo respetó todas nuestras peticiones que reflejamos en un plan de parto que compartimos al ingresar en el hospital. Muchas gracias a todos.

Y la mayor gratitud a la tía postiza de Lili: ¡Alazne, a tí! Por haber estado ahí durante el embarazo, durante el parto y en el postparto, ¡SIEMPRE!

Dos madres, un nuevo testimonio de parto

16 agosto, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu Fisioterapeuta

Mi pareja y yo teníamos claro desde siempre que queríamos ampliar nuestra familia y siendo dos chicas, sabíamos que necesitaríamos ayudara para ello. Decidimos dar el paso y tras 3 tratamientos llegó el día soñado: estaba embarazada. El embrión formado por su óvulo y el espermatozoide de un donante había dado su fruto.

El embarazo fue muy bonito, ella lo llevó genial en general y eso nos facilitó que disfrutáramos de esa etapa. Cuando estábamos solas todo fluía igual de bien que siempre pero algunas cosas que escuchaba en la calle me hicieron reflexionar: “¡Cuídala bien eh!”, “Ahora le tendrás que mimar”, “¿Qué tal esta ella?”, etc.

Escuchando todo eso parecía que el embarazo, el parto y todo lo que venía después le influía solo a ella; y claro, yo no sentía los cambios corporales propios del embarazo, ni sentiría las contracciones de parto, pero mi vida también estaba a punto de cambiar por completo y parecía que nadie se daba cuenta de esto. Todo eso me creaba tristeza y a la vez no me sentía nada valorada.

Durante todo el embarazo me preocupé muchísimo por las dos personas que más quiero, no sabía qué función iba a tener yo en el parto, ni si sería capaz de llevarla a cabo… Todo eso me resulto duro psicológicamente en muchos momentos y fue entonces cuando me di cuenta de que realmente se le presta poca atención a la pareja. Parece que la mayoría de las veces es esa persona que simplemente pone el espermatozoide y en nuestro caso, ¡ni siquiera eso!

En un principio no le hice saber sobre estos sentimientos a mi pareja, no quería preocuparla; pero según pasó el tiempo, empezamos a hablar sobre ello y me di cuenta de que era lo mejor que podía hacer. Me entendió a la perfección y siempre intentó animarme y reforzó mi papel en el proceso.

Preocupaciones arriba, preocupaciones abajo estábamos felices y contentas, pero al acercarse la fecha probable de parto comenzaron a aumentar nuestros miedos y dudas. Mi pareja comenzó con la preparación maternal de Osakidetza, pero al ser por las mañanas y al estar yo trabajando, no podía acudir. Problemas con eso también. Para mí era muy importante que las dos compartiésemos esas clases, que alguien nos explicara en qué consistía el proceso. Una conocida nos recomendó el curso de Alazne y nos apuntamos porque de esa manera podríamos participar las dos. Fue un acierto (aunque no pudimos acabar el curso porque nuestro peque se adelantó 4 semanas).

El curso nos fue de gran ayuda. Por una parte, aprendimos sobre el funcionamiento del cuerpo de la mujer durante el proceso del parto y eso a su vez me dio la oportunidad de conocer más mi propio cuerpo. Todo esto nos ayudó a comprender mejor todo el proceso. Por otra parte, aprendí qué herramientas tenía para ayudar a mi pareja cuando llegara el momento y eso me tranquilizó muchísimo.

Como decía, el ansiado día llegó antes de lo previsto. Era un domingo por la noche y cuando estábamos cenando, rompió aguas. De repente aparecieron todos los miedos a la vez, sobre todo porque estábamos en la semana 36 de la gestación. Fuimos al hospital y nos ingresaron en una habitación. Nos comunicaron que si para la mañana siguiente no arrancaban las contracciones, inducirían el parto. Pero no fue necesario, porque sobre las 02:30 empezaron las contracciones. Poco a poco fueron aumentando en intensidad y cada vez le fue más difícil sobrellevar el dolor. Por eso y para que ella no tuviera que pensar en nada, yo le iba proponiendo distintos ejercicios que practicamos durante el curso.

El comienzo del proceso de dilatación lo sobrellevé bien, porque a pesar del dolor yo la veía bien. Entre contracciones incluso llegamos a bromear, para relajarnos las dos, hasta hubo momentos de risas y carcajadas.

Por la mañana nos trasladaron al paritorio y allí empezó lo más difícil. Teníamos en mente que a poder ser no haría uso de la epidural, y en caso de necesitarla intentaríamos que fuera lo más tarde posible.

En algunos momentos sentí una tremenda impotencia al ver que ella sufría y yo no podía hacer nada para ayudarle. En esos momentos le animaba con todas mis fuerzas, le recordaba que cada vez quedaba menos para tener a nuestro bebé en brazos, etc. Creo que cuando le decía todo aquello, en realidad me estaba animando a mí misma, porque no podía soportar verla sufrir.

Las contracciones eran ya insoportables y ella estaba realmente cansada, por lo que pedimos que nos administraran la epidural. Cuando llegó el anestesista me dijo que no podría estar durante ese rato en la habitación, me tuve que salir fuera. No sé cuánto tiempo tardó pero se me hizo eterno. No sabía cómo estaba ella y eso me creaba mucho nerviosismo.

De ahí en adelante ella pudo descansar un poco y a pesar de que tendría que hacer muchísima fuerza en el expulsivo, por lo menos no le dolía. El expulsivo se alargó bastante porque el bebé estaba bastante arriba y el cordón umbilical era más bien corto.

Con cada contracción ella le ayudaba con todas sus fuerzas y la matrona me preguntó que si quería, podía mirar. Así lo hice y ¡se le veía la cabeza! Aquello fue impresionante para mí, indescriptible la emoción que sentí en aquel momento. Se me estaba haciendo larga la etapa final, ella estaba agotada y yo poco podía hacer, pero al ver aquello se me olvidó todo. Así se lo dije: “¡Tiene un montón de pelo! ¡No queda nada, un último esfuerzo!”

Al final, nuestro príncipe nació sobre las 16:30 y fue el momento más bonito de nuestras vidas, no lo olvidaremos jamás. Las dos lloramos de emoción. Luego pusieron a Urko sobre ella y yo corté el cordón umbilical.

Tras dos noches en el hospital volvimos a casa y poco a poco fuimos adaptándonos a la nueva situación. En casa todo iba bien: estábamos cansadas pero felices, el niño era tranquilo y el proceso de adaptación mutua iba muy bien.

En la calle sin embargo me vinieron de nuevo los sentimientos y pensamientos vividos en el embarazo. Mucha gente nos paraba para saludarnos, para conocer al niño o para felicitarnos. Se repetían principalmente dos preguntas: “¿Qué tal el niño?” y ¿Qué tal la ama? (a veces decía su nombre y otras veces utilizaban la palabra “ama). Nadie preguntó nunca qué tal estaba yo y yo sí que pensaba para mí “¿Y yo qué?”. Además, al escuchar ese “¿Qué tal la ama?” parecía que la ama era solo ella por haberla parido y eso me dolía mucho.

Me parece normal que la gente haga esas preguntas, creo que yo las he hecho a menudo y sé que no eran malintencionadas. La que había parido era mi pareja, que preguntaran sobre el bebé era lo más lógico, pero se me hacía tan extraño que nadie me preguntara, ni siquiera mi familia o amigos… Hubo momentos en los que me sentí infravalorada y una vez más, compartir mis sentimientos y hablarlo con mi pareja fue imprescindible para sobrellevar esas situaciones.

Poco a poco la situación se fue normalizando y afortunadamente ella se recuperó en seguida y rápidamente dejamos de escuchar aquellas cosas.

Para acabar, debo decir que aunque por momentos haya sido muy duro, esta es una experiencia inolvidable, increíble y mágica y que no hay cosa más bonita que ver crecer a nuestro bebé.

Por qué no me gusta el parto respetado, la lactancia prolongada ni la crianza con apego

2 agosto, 2017 | Comentarios (0) | General, Tu matrona

Hoy traemos un post cedido a MeitaiMaitie por Jade, matrona y autora del blog www.matronaonline.com.

¿Qué opináis al respecto?

——

Cada vez vemos más artículos, blogs y grupos en redes sociales sobre “algo” a lo que llaman parto respetado, crianza con apego y lactancia prolongada. Son términos que ahora están hasta en la sopa y, he de reconocerlo, cada vez me gustan menos. No por lo que representan, sino por esa etiqueta impuesta que convierte lo normal en algo que parece no serlo.

Parto… ¿respetado?

Ya he tocado este tema más de una vez en el blog y ha tenido bastante polémica. Resumiendo, un parto respetado es aquel en el que no se interfiere de manera innecesaria y (añado, porque esto es realmente importante) en el que se respetan los deseos de la mujer.

Ejemplos de parto no respetado:
– parto que evoluciona favorablemente, en el que se incluye tratamiento con oxitocina para acelerarlo y acabar cuanto antes o se rompe la bolsa con el mismo fin,
– parto en el que la mujer desea analgesia epidural y la matrona no llama al anestesista porque ella decide que lo mejor para la mujer es un parto natural,
– parto de una embarazada sana que se programa para un día concreto porque el ginecólogo que lo va a atender tiene guardia ese día,
– parto en el que se obliga a una mujer a parir de lado en contra de su voluntad,
– parto en el que se realizan los tactos vaginales necesarios sin el consentimiento de la mujer.

Ejemplos de parto respetado:
– parto que no evoluciona favorablemente y se decide administrar oxitocina o romper la bolsa amniótica tras informar a la mujer y obtener su consentimiento,
– parto en el que la mujer no desea analgesia epidural y se le ofrecen otros métodos de apoyo y analgesia,
– parto en el que la mujer desea epidural y se le pone, controlando en todo momento que el alivio del dolor sea eficaz,
– parto de una mujer con gestación de riesgo que requiera inducción programada, tras informar y obtener el consentimiento de la mujer,
– parto en el que se permite el libre movimiento de la mujer y de elección de la postura en el expulsivo,
– parto en el que únicamente se realizan tactos vaginales si la mujer da permiso para ello, etcétera.

Parece bastante de cajón que lo deseable es el parto respetado, ¿por qué digo que no me gusta? porque me repatea que haya que poner una etiqueta a algo que debería ser lo normal. Cualquier intervención médica debería hacerse exclusivamente en los casos en los que estuviera indicada y no en otros, porque todas las intervenciones conllevan unos riesgos, por lo que únicamente deberían asumirse si el beneficio que aporten fuera mayor en una situación concreta (la cesárea salva vidas cuando es necesaria, obligar a una mujer que puede parir vaginalmente a una cesárea injustificada la expone a ella y su bebé a unos riesgos sin ofrecer beneficios).

Es tremendo ver cómo el “parto respetado” se contempla como una opción, como un parto diferente al “parto” sin más, sin etiquetas, sin apellidos. Ponerle la coletilla es asumir que lo normal es el parto en el que se interviene sin indicación o aquel en el que no se respetan los deseos de la mujer (amparados por la ley de autonomía del paciente, no respetar su voluntad no es ser menos amable como profesional, es incumplir la ley). Muy frecuentemente usamos el término “normal” como sinónimo de “habitual” y aquí sí habría que puntualizar, por desgracia es muy habitual encontrarnos con partos intervenidos de más o con experiencias de mujeres que cuentan cómo se vieron obligadas a adoptar una posición que no deseaban en sus partos, cómo les dijeron al ingreso que en ese hospital no aceptaban planes de parto, cómo les explicaron que estaba en un hospital universitario y por ello tenía que aceptar los tactos de los residentes… Lo que ocurre es que si a eso le llamamos “parto” y al parto bien atendido tenemos que ponerle coletilla para aclararlo, considero que perpetuamos la idea de que el parto respetado es algo alternativo a lo que debería ser.

Cada vez más hospitales informan a sus pacientes de que cuentan con un programa de parto respetado, cuando no es más que la forma de atender el parto de acuerdo a la evidencia científica y sin incumplir la ley. ¿Acaso no es esa la asistencia que debe asegurar cualquier servicio de cualquier hospital? Sería ridículo ver un programa respetuoso de atención al diabético en un servicio de endocrinología, creo que todos pensaríamos “¿qué pasa, que otros no lo son?” sin embargo en obstetricia hemos asumido que el parto respetado es algo alternativo a lo normal (a lo indicado, lo correcto, no lo habitual).

Y retomando la cuestión de que en muchos sitios lo habitual es lo mejorable, podría entenderse que se añadiera el apellido “respetado” a modo de reivindicación, exigiendo que todos los procedimientos se ajusten a la evidencia científica. Sin embargo cada vez que leo sobre “parto respetado” echo en falta esa reivindicación y el recordatorio de que todo lo que no incluirían en parto respetado no es más que mala praxis o incumplimiento de la ley. Así que el término se desvirtua, llevando a pensar a algunos que eso del parto respetado es una moda que hay ahora, incluso creando confusión entre parto natural y parto respetado.

Lactancia materna… ¿prolongada?

Por el mismo motivo tampoco me gusta la lactancia materna prolongada. Antropológicamente se establece la edad de destete natural en la especie humana en torno a los 5-7 años de edad, la OMS indica que la lactancia ha de ser exclusiva los 6 primeros meses de vida y mantenerse complementándola con otros alimentos (entiéndase, la alimentación “complementaria” complementa a la principal, que sigue siendo la leche, no al revés, la teta no es un complemento al resto de alimentos) durante como mínimo 2 años. Hay quien, desconociendo el tema, se aventura a afirmar que esas recomendaciones de la OMS son sólo para los países tercermundistas donde no hay un adecuado acceso a alimentos. Pues no, no sólo no es así, sino que las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría son… ¡exactamente las mismas! En nuestro país lo deseable es que todos los niños fueran amamantados hasta los 2 años como poco. ¿Cuántos niños conocemos que hayan seguido esa alimentación? Probablemente muy pocos o ninguno. De nuevo volvemos a lo “habitual”, como la mayoría de madres no mantienen sus lactancias esos 2 años (por voluntad propia, desconocimiento, falta de apoyo del entorno y de las políticas actuales…), ponemos la etiqueta “prolongada” a la lactancia como si fuera algo alternativo a la lactancia normal. Algunos pensareis “bueno, ¿pero qué más dará?” y no da igual, porque junto a la creación del término “lactancia prolongada” está la creación del grupo de madres “de la lactancia prolongada” y caemos en la misma desvirtuación de la lactancia normal, hay quien se piensa que “las de las lactancia prolongada” son 4 hippies que siguen una nueva moda.

La lactancia es la lactancia, independientemente de lo que dure, mantiene los mismos beneficios, la lactancia “corta” o habitual en nuestro medio no tiene unos beneficios y la prolongada otros. Haciendo pensar que la lactancia prolongada es algo distinto, muchos llegan a conclusiones tan erróneas como que eso ya es vicio o que esa leche ya no alimenta, olvidando que la lactancia es lactancia tenga el niño 2 meses o 3 años.

De igual forma que con el parto respetado entiendo que se hable de lactancia materna prolongada reivindicando que se de la visibilidad necesaria a la lactancia normal, pero por favor… llamémosla así, no es lactancia prolongada, es lactancia normal y natural (por supuesto finalizar la lactancia antes de ese tiempo no es una lactancia “anormal”).

Crianza… ¿con apego?

Y como no podía ser de otra forma… no me gusta la crianza con apego. No existe otro tipo de crianza, es el único que hay. Des pecho, leche artificial, coleches o no, portees o no, hagas baby led weaning o des purés, castigues o no, te apresures a atender a tu niño cuando llora o no… trates a tu hijo con cariño o le maltrates pegándole a diario… todos los niños se criarán con apego, ¡todos! el apego lo desarrollan todos los niños durante los 2 primeros años de vida y pueden hacerlo en forma de apego seguro (el deseable, el que va a facilitar el día de mañana su autoestima y sus relaciones con otros) o en forma de apego patológico que le supondrá dificultades en su vida adulta.

El desarrollo del apego es algo realmente complejo que responde al modo en que el niño y su cuidador principal se vinculan esos 2 primeros años de vida. Por ejemplo se habla de la lactancia materna como favorecedora de un apego seguro, ya no por el alimento en sí, sino por la interacción que ocurre durante el amamantamiento. ¿Significa esto que un niño alimentado con leche artificial va a desarrollar un apego patológico? Claro que no, no es tan simple. Además hay que recordar que esa interacción beneficiosa puede lograrse si no le da cada día una persona distinta el biberón, si aunque el niño sea capaz de sujetar él solito el biberón y tomárselo estamos con él abrazándole, hablándole y acariciándole, si atendemos sus necesidades ofreciéndole el biberón a demanda, etcétera. ¿Y significa que si damos pecho lograremos que nuestro hijo desarrolle un apego seguro? pues tampoco. Si una madre se desentiende de su hijo, le acostumbra a que en algunas ocasiones atiende a su llamada y otras no (si a veces le deja llorar y llorar sin hacerle ni caso), si le da el pecho sin mirarle jamás, sin hablarle… tiene más papeletas de que su niño desarrolle un apego patológico que la anterior madre del biberón. Lo mismo ocurre con el porteo versus carrito, se habla del porteo como característico de la crianza con apego por la interacción que supone cargar al niño, pero… no siempre llevarlo encima implica interacción, al igual que llevarlo en el carrito signifique que sus padres le ignoren.

Ignorarle, atender a sus demandas, interaccionar con él… todo esto conducirá a consecuencias relevantes en la crianza, es de esto de lo que debemos informar a las familias, para que sepan cómo optimizar su crianza, respetando las diferentes opciones que hay, sin descuidar la interacción en aquellas situaciones que la faciliten y fomentándola en aquellas que no lo hagan tanto. Si lo que de verdad queremos promover es el apego seguro, hablemos sobre él, todas las madres y todos los padres deberían conocer lo que es el apego, los tipos que hay, cómo se desarrolla cada uno y qué implicaciones tendrán en la vida adulta de su hijo. Una vez explicado esto, que cada cual escoja las pautas de crianza que desee, sabiendo que con algunas facilitan ese apego seguro y con otras hay que trabajárselo un poquito más. Pero crianzas con apego… ¡son todas! hasta las más terribles…

En definitiva, hablamos del parto respetado, la lactancia prolongada y la crianza con apego como si fueran opciones alternativas a la norma. Usamos etiquetas que pueden llevar al error de creer que estamos ante modas o corrientes de un colectivo concreto. Hay mujeres que entienden que al tener su hospital un programa de parto respetado, les están ofreciendo algún tipo de asistencia exclusiva, no les están regalando nada, simplemente cumplen la ley y guían su asistencia en las recomendaciones basadas en la evidencia científica (tenga o no un hospital programa de parto respetado, está obligado a garantizar el cumplimiento de la ley y que no se actuará con mala praxis). Los profesionales sanitarios que en su formación estudian el manejo de la lactancia prolongada aprenderán que es algo diferente a la lactancia normal, las madres podrán pensar que la lactancia dura 6 meses (los anuncios de leche en polvo que dicen que es “para después de la lactancia” perpetúan ese error) y tras ese tiempo aporta menos o no aporta nada. Los padres que se informen sobre los cuidados de sus hijos creerán que si no siguen unas determinadas prácticas, sus niños no tendrán apego… o tendrán un apego seguro garantizado, sin llegar a informarse sobre lo que realmente es el apego.

Y vosotros, ¿creeis que colocar estos “apellidos” excluye o que ayuda a normalizar?, ¿hemos alcanzado tal grado de desnaturalización de la maternidad que debemos recordar que el parto tiene que ser respetado, la lactancia humana dura lo que dura (siempre y cuando madre e hijo quieran, claro) y criar un hijo implica el desarrollo del apego?

Texto cedido a MeitaiMaitie por Jade, matrona y autora del blog www.matronaonline.com: http://matronaonline.net/parto-lactancia-crianza/

Fuente de la imagen: Unsplash

Nvey Baby

19 julio, 2017 | Comentarios (0) | General

Nos hace mucha ilusión presentaros la nueva marca de productos de higiene y cuidados para los más pequeños de la casa: NVEY BABY. Hemos probado todos y cada uno de los productos de esta gama y sabemos que os van a encantar.

NVEY BABY es más que una marca de productos para los pequeños de la casa. Sus creadores, una familia australiana, tenían una amplia experiencia desde 2007 en el mundo de la cosmética con NVEY, la primera marca de maquillaje orgánico del mundo. Pero en 2014 nació su hijo William, y entonces emprendieron, como todos los padres, la búsqueda del mejor producto cosmético para su pequeño.

En su búsqueda se vieron sorprendidos por muchas marcas perfumadas y con ingredientes (parabenos, phenoxyethanol, cocamidopropy betaine, o petrolatum, por ejemplo) que ellos jamás usarían ni para ellos mismos.

En ese momento nació NVEY BABY. Una forma de cuidar a la familia desde el corazón. NVEY BABY es seguridad, naturaleza, y efectividad en las fórmulas de los cuidados que puedes ofrecer a tus pequeños.

 

PRODUCTOS NVEY BABY

Crema Calmante de Zink 3 en 1 de NVEY BABY: contiene óxido de zinc, aloe orgánico, girasol, aguacate y aceites de noche de primavera para ayudar a cuidar la delicada piel del bebé en el área del pañal calmando y reduciendo el enrojecimiento. Calmando y nutriendo la piel.

Champú Suave para Bebé de NVEY BABYuna mezcla calmante de aloe orgánico y ylang-ylang combinada con la suave acción limpiadora de coco y decil glucósido (agentes de limpieza suaves) para crear un champú infantil que no reseca y con el suave aroma calmante del yalng-ylang.

Suave Gel de Baño Corporal de NVEY BABY: combina el aceite orgánico de noche de primavera, el aceite de aguacate, la manzanilla romana, el aloe y el aceite esencial ylang-ylang para proporcionar una fórmula sensible que no reseca la piel y que es ideal para bebés y niños.

Suave Baño de Burbujas de NVEY BABYcombina el aloe orgánico y el aroma calmante de la lavanda orgánica para crear un burbujeante baño de diversión.

Loción Hidratante Corporal Diaria de NVEY BABYes una mezcla nutritiva de aloe orgánico, manteca de karité, aceite de coco y lavanda para hidratar y proteger la piel de su bebé.

Crema Hidratante Sensible Facial de NVEY BABY: combina aceites orgánicos de aguacate y caléndula, con manteca de karité nutritiva y aceite de coco para hidratar y suavizar la piel.

GARANTÍAS

Trabajan con la fórmula de cuidado suave que llaman “Gentle Care Formula”. Es el símbolo de garantía de NVEY BABY de que solo se trabaja con ingredientes, seguros, amables y suaves para crear sorprendentes productos para el cuidado de los más pequeños.

Compromiso NVEY BABY como empresa:

– Fabricar cada producto en nuestra propia planta de producción en Melbourne, Australia.
– Ser una marca de fábrica australiana y de nuestra propiedad.
– pH testado y en cada producto y lote.
– Uso de ingredientes con certificado orgánico.
– No testar en animales.
– Asegurar que cada fórmula está creada para garantizar un producto seguro y efectivo para nuestros bebés.
– Pensar en el medio ambiente en cada estado del desarrollo, fabricación y distribución de nuestros productos.

INGREDIENTES ORGÁNICOS Y NATURALES

En NVEY BABY se seleccionan cuidadosamente los ingredientes. Se trabaja con Ingredientes Orgánicos Certificados y una gama seleccionada de materias primas naturales de la calidad que requiere nuestro estándar de la fórmula del cuidado suave (Gentle Care Formula) . El símbolo “Gentle Care Formula” se muestra en nuestros productos que contienen Ingredientes Orgánicos Certificados.

Compromiso de NVEY BABY respecto a los ingredientes:

– No se utiliza talco en ningún producto NVEY BABY.
– No se utilizan parabenos en la fabricación de ningún producto NVEY BABY.No se utilizan SLS (Sodium Laureth Sulphate) ni derivados de productos químicos SLS en ninguno de nuestros productos.
– No se utilizan fragancias sintéticas en ningún producto NVEY BABY.
– Tenemos cuidado de evitar ingredientes tensioactivos que podrían causar irritación (cocamidopropyl betaine).
– No se utiliza propilenglicol en nuestros productos.
– Utilizamos aceites orgánicos y derivados naturales (sin silicios).
– No usamos fenoxietanol y somos cuidadosos en nuestras opciones de conservantes que creemos son adecuados para su uso en bebés y para preservar efectivamente la calidad y el rendimiento del producto.
– No utilizamos jabones, ni ingredientes agresivos que perjudiquen a los ingredientes naturales.
– No hacemos ninguna prueba o test en animales.
– No se utilizan aceites minerales o de petróleo en nuestro producto. NVEY BABY utiliza aceites derivados de plantas tales como cártamo, girasol, coco y jojoba.
– No utilizamos ingredientes de partículas nano en los productos NVEY BABY, y estamos en contra de esta tecnología potencialmente tóxica y peligrosa.

Ver lista completa de ingredientes >>>

© Meitaimaitie. 2017