Izaskun Marañón Psicóloga Clínica

"Los/las niños/as tienen mucha capacidad de adaptación y son muy generosos/as y solidarios/as sobre todo si tienen sus necesidades cubiertas y se les explica cuál es la situación"

Estos días han publicado una interesante entrevista de Anartz Bilbao, en Zuzeu.eus, a nuestra amiga y psicóloga clínica Izaskun Marañón. Nos ha parecido que puede ser útil para todos los que somos padres y la compartimos a continuación.


En este momento en el que el periodo de confinamiento se está alargando, somos muchos los padres y madres que estamos preocupados por la situación de nuestros hijos. Es sabido que en esta situación son los más vulnerables, y sospechamos que no se han tenido en cuenta sus necesidades a la hora de decretar las medidas de confinamiento. Es por eso que hemos decidido entrevistar a una psicóloga y acudir a Izaskun Marañón Guillan para ello. Psicóloga clínica y doctora en psicología, también es profesora en la UPV, en el departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico.

Para comenzar con la entrevista, hemos compartido con ella nuestra propia experiencia, ya que aunque tenemos hijos un tanto movidos, estamos sorprendidos de lo bien que se están adaptando a este periodo de encierro. «Los/las niños/as tienen mucha capacidad de adaptación y son muy generosos/as y solidarios/as sobre todo si tienen sus necesidades cubiertas y se les explica cuál es la situación», nos ha contestado la psicóloga.

Ya son casi 3 semanas desde que se decretaron las medidas de confinamiento. Hemos hablado de teletrabajo y de economía entre otros temas, pero parece que a la hora de tomar decisiones no se han tenido en cuenta las necesidades de los niños y de las niñas. ¿No lo crees así?

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Aunque la salud física es muy importante (y prioritaria en esta situación), se nos olvida que está íntimamente relacionada con la salud emocional. Ese olvido, ha quedado patente a la hora de tomar medidas en el contexto del COVID19 y es sumamente visible en las medidas tomadas con los niños/as.
Ha quedado de nuevo de manifiesto que en esta sociedad vivimos de espaldas a la infancia.

En este periodo de encierro, se dan clases en casa -los centros escolares están haciendo un gran esfuerzo- pero en esta situación, ¿cuáles son las necesidades básicas de los niños y de las niñas? 

Las necesidades básicas de lo/as niños/as, siempre son las mismas. Más allá de las necesidades básicas físicas (alimentación adecuada, ropa, condiciones de vivienda dignas…), los/as niños/as necesitan movimiento, necesitan jugar, necesitan poder explorar su entorno, necesitan contacto con la naturaleza y necesitan la mirada de un adulto significativo que satisfaga o les ayude a satisfacer sus necesidades emocionales. Y cuáles son esas necesidades emocionales? Sobre todo, ser y sentirse queridos: ser abrazados (contacto físico), ser tratados con respeto, ser conscientes de que sus deseos son escuchados y tener la sensación de que son gestionados, darse cuenta de que se le ponen palabras y se le da importancia a lo que les pasa, tomar conciencia de que son aceptados tal y como son y un largo etc.

Lo mencionado hasta ahora son las necesidades emocionales de un/a niño/a en cualquier momento, en este encierro, en el que el movimiento, el contacto con la naturaleza, las opciones de explorar están muy disminuidas el acompañamiento de los adultos cobra, si cabe, mayor importancia: entender que les pasa, intentar ponerlo en palabras e intentar cubrir las necesidades de ese/a niño/a con los recursos con lo que contemos en casa.

En algunos países han permitido que los niños salgan cada día un poco a la calle; sin embargo, nosotros no podemos. Si esta prohibición se extiende mucho más en el tiempo, ¿puede perjudicar a los niños y niñas?

No es fácil de contestar esta pregunta, porque son muchos los factores que intervienen. En general, si los adultos tenemos la capacidad suficiente como para sostener a los/as niños/as, creo que la repercusión será pequeña. El problema es que es demasiado atrevido suponer que los adultos tenemos esa capacidad.

No es lo mismo vivier el encierro en una casa con jardín o en una sin balcón, con habitación propia o compartida con hermanos, teniendo disponibles todas las últimas tecnologías o sin Internet… ¿Esto influye también en los niños y en las niñas?

Por supuesto es diferente vivir en condiciones tan diversas, pero tales condiciones no son ni suficientes ni necesarias para tener consecuencias emocionales o psicológicas. Si miramos a la situación emocional de los menores, las características de la vivienda (siempre que sea digna) es solo una parte de la realidad. En esa realidad, es mucho más importante para el bienestar del menor tener adultos conectados y capaces de hacerse cargo de la realidad emocional del niño/a. Para la realidad emocional del niño/a es mejor una casa sin balcón en la que los adultos están presentes, dando importancia al juego, poniendo palabras a los acontecimientos y emociones, dotando de estrategias para gestionar las emociones, abrazando a los/as niños/as, tratándoles con respeto, etc. que tener una casa con gran terraza o jardín en la que los padres están exclusivamente conectados al móvil.

El encierro se alargará como mínimo un mes más. Mirando al futuro, ¿puede influir todo esto en la personalidad o actitud de los pequeños?

El encierro por sí mismo, no es condición suficiente para tener consecuencias (psicopatológicamente hablando). Tienen más importancia el apego y las relaciones afectivas no adecuadas que el quedarse en casa un mes.

Algún día volveremos a nuestra rutina anterior. ¿Cómo adaptarnos, volver al cole, a la calle… a relacionarnos con los amigos? 

Diría que con alegría. Aprovecharía esta situación para reflexionar sobre el ritmo de vida de cada uno y en la medida de lo posible para cambiar rutinas que no nos gusten. En general, andamos corriendo de un sitio para otro y en esta situación que nos ha desprovisto de muchas cosas y nos ha limitado en otras tantas, en muchos casos, también ha hecho desaparecer la sensación de urgencia, y son muchos los que agradecen esa vivencia.

Estos días los adultos hablamos mucho sobre contagios, enfermedades, sobre la muerte… escuchamos y leemos sobre estos temas continuamente. ¿Cómo debemos gestionar todo esto a la hora de hablar con ellos? 

Los/as niños/as tienen gran capacidad de percibir nuestro estado emocional; de darse cuenta si estamos tristes, de captar si tenemos miedo, de notar si estamos preocupados…En cualquier situación (y especialmente en esta) lo mejor que le puede ocurrir a un/a niño/a es que exista coherencia entre lo que percibe y se le dice. Por tanto, es muy importante que intentemos explicarles cuál es la situación y nosotros como la vivimos, en un lenguaje adecuado y con información adecuada para su edad. Un ejemplo. Imagínate que tu hijo/a y tú os metéis en una bañera con el agua a 40 grados. Cuando el niño/a entre y se queme y vea como tú también te quemas lo expresará. Si en ese momento tú le dices que no, que el agua está templada, pones en duda su sentir y sin querer contribuyes a que disminuya la confianza en sí mismo. Cuando les negamos información y les decimos que estamos tranquilos sin estarlo, estamos haciendo lo mismo.